Los primeros pasos para la consecución de este objetivo se dieron la semana pasada en un hospital londinense especializado en cirugía de la visión, el Moorfields Eye Hospital. Los seleccionados para la intervención fueron dos británicos que perdieron la vista a causa de una enfermedad hereditaria llamada retinitis pigmentosa. Quienes la padecen, más de un millón de personas en el mundo, serán quienes se beneficien de los avances que se están dando en este campo de la biotecnología.
La operación que se les practicó consistió en implantar en el interior de cada ojo un 'microchip' conectado a una retina artificial capaz de estimular el nervio óptimo humano para transmitir imágenes al cerebro. Las imágenes son captadas por una cámara de vídeo instalada en unas gafas y procesadas por un ordenador que las transmite directamente al panel de electrodos colocado dentro del ojo.
«Los implantes se colocaron de modo satisfactorio en ambos pacientes, que se recuperan satisfactoriamente», dijo el cirujano ocular Lyndon Da Cruz, que dirigió las operaciones. Antes no veían nada y ahora han recuperado un nivel de «visión básico, rudimentario», gracias a esa pequeña cámara que, además, tiene la capacidad de hacer que el ojo se mueva hacia el punto donde se dirige. Distinguen el movimiento, luces, sombras; es el comienzo de un largo proyecto bautizado con el nombre de 'Argus II'. «Me parece excitante», consideró Da Cruz.
Pacientes de EE UU ya habían sido sometidos a intervenciones de este tipo con implantes de 16 electrodos. Cada uno de ellos ilumina un punto. En Reino Unido se han colocado implantes de 60 y se quiere llegar a los 1.000, según dicen los investigadores de California. En sólo unos años se sabrá más.






Lo último:








