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SEMIFINALES DE LA CHAMPIONS
Con el alma en pena
El Barcelona afronta muy tocado la semifinal de esta noche, que ha adquirido el rango de plebiscito

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Con el alma en pena, sólo queda la fe. Creer es la única posibilidad que tiene el Barcelona si pretende competir esta noche en el Nou Camp con el Manchester United (20.45 horas, Canal Plus) para estar en la final de la 'Champions' de Moscú. Desnortado institucional y deportivamente y con la afición tramitando un divorcio sin derecho a visitas, el Barça afronta ante el potente equipo inglés una semifinal que ha alcanzado el rango de plebiscito. Un resultado que albergue esperanzas de clasificación calmaría las aguas durante unos días y aliviaría la delicada situación del presidente Joan Laporta, cuyo proyecto, a pesar de sus constantes llamadas al optimismo, hace aguas por numerosas vías. Pero una derrota contundente terminaría por desquiciar a la familia azulgrana y tendría consecuencias imprevisibles.

El equipo culé ha perdido su espíritu y juega a golpe de improvisación, sustentada en la indudable calidad de su plantilla. Hay almas del vestuario que simbolizan el sufrimiento; como la de Puyol, cuyo rostro desencajado en los últimos partidos invita a la compasión. Hay otras heridas; como la de Eto'o, un futbolista orgulloso y ganador que exterioriza su frustración con protestas reiteradas en el campo y con declaraciones dañinas fuera de él -«si no gano títulos me marcharé»-. También hay almas descarriadas; como la de Ronaldinho, cuyos devaneos y lesiones le han apartado del magistral fútbol que nos regalaba hace escasos meses. Y, cómo no, las hay resignadas; como la de Rijkaard, un entrenador de gusto exquisito que, desde hace semanas, ve los partidos con una mirada lánguida, como si hubiera asumido su destino.

Es precisamente el destino el que ha querido situar al Barça en la semifinal de la 'Champions' en una de sus peores temporadas. Cuando las cosas van mal, vestuarios, plantillas y directivas suelen buscar alguien o algo a lo que encomendarse. Sin duda, ese alguien en el entorno blaugrana es Messi, el 'crack' de las piernas de cristal. Recién recuperado de una lesión, el equipo le necesita como nunca. A día de hoy, sólo él parece capacitado para obrar el milagro. El argentino representa en estos momentos el alma viva del Barcelona, el clavo ardiendo al que se agarran en Can Barça para soñar con la Liga de Campeones el año que menos se lo esperaban. Sus compañeros le han recibido como a un'Messias' -así le llaman desde su antológico gol de Copa al Getafe- y están deseando contagiarse de su juego mágico y de su entrega. El pasado sábado disputó unos minutos ante el Espanyol y sólo cuando tenía él el balón daba la sensación de que el equipo recuperaba algo de chispa.

Infelicidad

En ocasiones hay frases que resumen el sentir mayoritario de una plantilla. En el conjunto culé la ha pronunciado esta semana el portugués Deco, que podría ser titular hoy: «No estamos felices». Y es que la eliminación de la 'Champions' supondría la segunda campaña consecutiva en blanco del Barça y el fracaso de un vestuario 'fabricado' para hacer historia. En la familia culé se ha interiorizado que se está a las puertas del final de un ciclo. Tuvo su momento álgido en 2006, cuando los hombres de Rijkaard maravillaron en Europa y ganaron su segunda 'Champions' eliminando al Chelsea y Milan y derrotando al Arsenal en la final. Desde entonces, caída libre. Progresiva al principio -su autocomplacencia le llevó a regalar la pasada Liga- y vertiginosa al final -abriéndole las puertas de par en par al Madrid esta temporada-.

Messi, el 'salvador', habló claro ayer sobre la importancia de la eliminatoria. «Nos jugamos la temporada», declaró el argentino, quien se mostró convencido de que su equipo tiene potencial para plantarse en la final. «El Manchester está en un gran momento, pero no veo un claro favorito y creo que los dos partidos serán muy parejos», declaró. Messi dijo no sentirse «presionado» por la responsabilidad y agregó que, al margen de determinadas declaraciones públicas -en alusión a las palabras de Eto'o-, la unidad del vestuario es absoluta. Una comunión que, a su juicio, debe trasladarse a las gradas para que la afición «esté más que nunca» con sus futbolistas a pesar del pesimismo reinante en el entorno azulgrana. El calendario, caprichoso, ha querido que la semifinal se dispute el día de Sant Jordi, la fiesta de los enamorados en Cataluña. Sería fundamental que los seguidores y el equipo volvieran a quererse y se reconciliaran. Al menos por esta noche.
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