La noticia ha obligado a la compañía marítima, la naviera estatal China Ocean Shipping Corporation, a desistir de sus planes de desembarcar la partida de armas en el puerto sudafricano de Durban, ya que un juzgado ha ordenado impedir su traslado hasta la frontera con Zimbabue.
Desde el mes pasado, el Gobierno de Robert Mugabe, que dirige este paupérrimo país africano desde hace veintinueve años, intenta mantenerse en el poder tras las últimas elecciones presidenciales, sobre las que pesan serias sospechas de fraude para impedir la victoria del opositor Movimiento por el Cambio Democrático.
La llegada de una partida de armas a tan convulso territorio no ha hecho más que complicar su delicada situación y generar nuevas críticas a China, que obtiene numerosos recursos naturales de los países africanos y cuyo apoyo al régimen de Sudán ha sido ampliamente condenado en todo el mundo por el genocidio de Darfur.
Por ese motivo, Estados Unidos ha instado a Pekín a que suspenda el envío de armas y a que no suministre más munición al aislado Zimbabue. «Debido a la actual crisis política que vive el país, no es el momento adecuado para aumentar el número de armas», justificó el portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Tom Casey.
Sin embargo, el Gobierno chino ha defendido sus partidas de armas a Zimbabue, ya que la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Jiang Yu, aseguró ayer que «el contrato había sido firmado el año pasado, por lo que no tiene nada que ver con la actual situación».







