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CRISIS DIPLOMÁTICA
El nombramiento del Dalai Lama como ciudadano honorario de París agrava la crisis franco-china
La designación aborta las maniobras de acercamiento de Sarkozy hacia Pekín

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El nombramiento del Dalai Lama como ciudadano honorario de París agrava la crisis franco-china
SERENIDAD. El Dalai Lama ofrece una conferencia en la Universidad de Michigan. / AP
Justo cuando el Gobierno francés intenta zanjar la crisis que le enfrenta a China por las protestas contra la antorcha olímpica en París, al Ejecutivo de Nicolas Sarkozy se le ha abierto un nuevo frente con Pekín. Y es que el régimen comunista criticó ayer duramente el nombramiento del Dalai Lama, la máxima figura espiritual y política del budismo tibetano, como ciudadano honorario de París por parte de su Ayuntamiento, que tuvo lugar el lunes.

Esta designación «interfiere en los asuntos internos de China y daña seriamente las relaciones con Francia y, más en particular, los amistosos lazos de amistad que existen entre París y Pekín», condenó en un comunicado oficial la portavoz de Exteriores, Jiang Yu, quien volvió a recuperar la retórica nacionalista para asegurar que el nombramiento «supone un desafío a los 1.300 millones de chinos, incluyendo los tibetanos».

Éste es, de momento, el último capítulo de la grave crisis que se ha desatado tras las manifestaciones contra el paso de la antorcha olímpica por París, que numerosos grupos de activistas y defensores de los derechos humanos utilizaron para denunciar la represión con que el Gobierno chino ha aplastado la revuelta que estalló el 15 de marzo en Tíbet. Tales incidentes, y la posterior amenaza del presidente Sarkozy de boicotear la ceremonia de inauguración de las Olimpiadas si Pekín no negociaba con el Dalai Lama, han avivado el nacionalismo chino y generado una ola de manifestaciones contra los intereses franceses en este país.

Boicot a Carrefour

Durante los últimos días, miles de personas se han concentrado a las puertas de los supermercados Carrefour que funcionan en muchas de las grandes ciudades chinas, como Pekín, Xi'an, Wuhan, Qingdao, Kunming y Hefei, y han quemado banderas galas al tiempo que pedían el boicot de sus productos. De hecho, al menos uno de los 122 establecimientos de Carrefour en China tuvo que cerrar sus puertas el lunes por miedo a los manifestantes, contagiados de una exacerbada fiebre nacionalista que ha despertado la propaganda del régimen comunista.

Para calmar los ánimos, Sarkozy envió el lunes al presidente del Senado francés, Christian Poncelet, a Shanghai con una carta para Jin Jing, una atleta paralímpica que se ha convertido en una heroína para los chinos al defender la antorcha de los activistas protibetanos que querían arrebatársela durante el relevo de París. En dicha misiva, el presidente galo condena los incidentes, pero la deportista se ha quejado de que no se disculpa por lo sucedido.

Mientras el Gobierno chino intenta mejorar su imagen internacional, la tensión étnica sigue estallando en el 'dragón rojo'. Según denunció ayer el portal de Internet Chinese Human Rights Defender, la Policía abrió fuego en la provincia de Yunnan sobre manifestantes de la minoría Miao que protestaban contra la expropiación de terrenos para una mina.
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