
El que fuera director financiero del Guggenheim y se reconociera autor de un desfalco de casi medio millón de euros no tenía apenas trato con sus convecinos, para quienes sus rutinas, su afición a la bicicleta e incluso su trabajo eran prácticamente un misterio. Hasta hace unos días, Cearsolo llevaba una vida discreta. Más aún desde que su historia se 'colara' por la fuerza en los titulares de letra grande. Desde entonces, apenas se ha dejado ver. Ayer por la tarde protegía su privacidad desde su piso, ubicado en un céntrico bloque de varias alturas en Usansolo.
EL CORREO trató de contactar con él a través del portero automático. Un hombre que se identificó como Cearsolo declinó amablemente hacer declaraciones. «Gracias, pero no quiero», dijo antes de cortar la comunicación.
Escueto intercambio con una persona parca en palabras. «Tenía un círculo de amistades bastante reducido, aunque algún fin de semana sí que se le veía poteando», comentaba una de las residentes en el inmueble, que se distribuye en viviendas de 80 metros cuadrados con tres habitaciones y un par de baños. En una de ellas reside «desde hace más de diez años» Cearsolo con su familia -su mujer y dos hijos, chico y chica-.
«Un puesto importante»
Quienes se cruzaban a menudo con él le definen como un hombre «introvertido» del que sospechaban «tenía un puesto importante». Tampoco se le conocían muchas ostentaciones, si acaso el flamante Audi que algunos residentes le han visto conducir. Ayer por la tarde, su mujer salió de casa y se montó en otro coche más modesto. Mientras, cerca del portal, un corrillo improvisado hablaba de lo que llevan comentando desde hace días. «Me da pena por sus hijos y su mujer, una bella persona, que se han encontrado con este 'fregao'», se lamentaba un vecino, a la vez que aseguraba que él le seguirá tratando «igual que todos estos años». Aunque ese contacto no parece muy estrecho. «Es arisco y altivo, de los que pasan rozándote el hombro cada mañana sin saludar», comentaba otro.
Cuando más trataron sus vecinos con él fue cuando Cearsolo ejerció de administrador del bloque. «Nada más empezar le reclamó al anterior administrador doce euros que faltaban en la caja». Cuentan también que, en una ocasión, «puso un cartel pidiendo celeridad en los pagos y las cuentas claras».







