Este sábado por la mañana miles de expertos se adentrarán en Ballonti para calibrar arquitecturas, diseños y comodidades. No pasarán nada por alto: funcionalidad de las escaleras mecánicas, precios de los productos, iluminación, temperatura am-biente, disponibilidad de espacios infantiles. Se prevé que el circuito de karting y el cine sensorial, sea lo que sea eso, causarán una gran impresión. Los accesos y aparcamientos también son de mucha importancia. El hombre contemporáneo, en fin, es lo que va dentro del coche.
En poco más de una década, los centros comerciales se han instalado en nuestras vidas con una rotundidad asombrosa. Ya forman parte de nuestra rutina, especialmente de la del fin de semana, e incluso quienes juraron que nunca pisarían uno se dejan caer de vez en cuando para ver una película, comprar algo que esté de oferta o jugar a los bolos. Los adolescentes, por su parte, encuentran en estos establecimientos una variante del Paraíso: un lugar donde uno puede comerse una hamburguesa doble mientras mira un escaparate lleno de móviles.
Los centros comerciales son pequeñas ciudades dentro de las ciudades y echando un vistazo a la vida que anima sus plazas y restaurantes podemos hacernos una idea bastante exacta del tiempo que nos ha tocado vivir. Obsta decir que estas grandes superficies son entidades malignas diseñadas para la corrupción y el adocenamiento de las masas. Es una pena que a la gente parezcan gustarles tanto. En 'La caverna' Saramago ensayó una metáfora vagamente platónica sobre el asunto, ya saben: Occidente, todo está fatal, el consumismo La novela se vendió formidablemente, también en los centros comerciales.









