La chica, que cargaba tres bolsas de plástico, probablemente llenas de carne, atravesó los raíles para evitar tener que dar la vuelta y acortar así el trayecto, una costumbre que, según los vecinos que residen en las inmediaciones de la estación, cada vez se hace más habitual. De hecho, cuando el cuerpo de Rosa aún yacía en el apeadero, una chica de aproximadamente su edad tomó el mismo atajo. Empleados de seguridad de la estación y ertzainas identificaron a la viandante y le advirtieron del peligro que corría. Rosa no tuvo tanta suerte.
Las clases, en las que aprendía a despiezar ganado y otras técnicas, se prolongaban desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde. Diez minutos después de salir del matadero de Zorroza, sufrió el trágico accidente. Tras cruzar las vías, posó las bolsas con comida en el andén y siguió caminando por la orilla hasta la rampa del final del apeadero, el único sitio en el que su baja estatura le permitía subir. Según explicó Patricia, una joven sudamericana en avanzado estado de gestación, que sufrió un ataque de ansiedad al presenciar el siniestro, Rosa escuchó la inconfundible bocina de la locomotora y «asustada, empezó a correr». La joven creía que el convoy «venía por detrás cuando en realidad iba de frente. Pensó que le daba tiempo, pero le faltaron unos segundos. El golpe fue... mortal», sollozaba la mujer, muy afectada.
Herida en el costado
Asier, otro testigo, advirtió cómo el maquinista «venía frenando» desde cierta distancia, pero no pudo evitar que el tren alcanzara a la joven unos metros antes de la rampa de acceso. Verónica, otra chica que esperaba en la estación, se acercó a Rosa para ver si podía auxiliarla. «Aún estaba viva, pero tenía una herida muy fea en el costado».
La víctima fue extraída por efectivos de los Bomberos de Bilbao. Sanitarios de una UVI móvil de Osakidetza intentaron reanimarla sin éxito y sólo pudieron confirmar su fallecimiento. Según la compañía Renfe, el servicio ferroviario no tuvo que interrumpirse, ya que, durante 34 minutos, el tráfico se desvió hacia la vía contraria a la del accidente. El paso alternativo de los trenes produjo retrasos de entre 5 y 10 minutos. «Lo que tienen que controlar es la gente que viene andando por las vías para colarse», protestaban los vecinos de las viviendas que dan a la estación.
Rosa era una joven «calladita» -«aún no dominaba el castellano»- y «muy educada», según la describía José Luis Gela, jefe del matadero en el que la «alumna» llevaba un mes y media de prácticas. Ya nunca podrá aprender el oficio.




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