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Cultura

DESFALCO EN EL MUSEO
«Reconozco que he fallado, pero no voy a dimitir mientras me sienta respaldado»

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La comparecencia ayer de Juan Ignacio Vidarte ante la Comisión de Cultura del Parlamento vasco para explicar el alcance del desfalco al Guggenheim cobró intensidad en la recta final, cuando se enfrentó a las preguntas más incómodas de los partidos de la oposición. Después de más de tres horas, el director del museo asumió como «un gran fallo» personal el hecho de haber depositado su confianza en Roberto Cearsolo, el autor del robo de medio millón de euros de la caja de 1998 a 2005.

Vidarte evitó referirse a Cearsolo como su 'mano derecha', pese a ser su subordinado al frente de las finanzas, como le recordaron socialistas y populares. No dudó en llamarle «tramposo», por los sucesivos fraudes en transacciones bancarias y cheques en los que suplantaba su firma, y limitó el campo de las irregularidades única y exclusivamente al desfalco cometido por el directivo ahora despedido. «Se trata de un caso específico», insistió antes de afrontar la batería más comprometida.

«¿Se siente usted responsable de lo ocurrido?», preguntó la parlamentaria del PSE Isabel Celaá a Vidarte. Y aquí salió la palabra maldita que planeaba en la comisión. El propio Vidarte la citó: dimisión. «Me siento responsable, por supuesto. ¿Cómo no me voy a sentir responsable! ¿Si se refiere a que esto es causa para dimitir? Personalmente, mi cargo, que es de confianza, siempre está a disposición del museo».

-Celaá: «¿Y cómo va a concretar esa responsabilidad?»

-Vidarte: «Actuando como se está actuando. Investigar, despedir y evitar que vuelva a ocurrir algo así. Pero en la medida en que me vea respaldado por las instituciones, los patronos, los amigos del Guggenheim, que es como me siento, seguiré desarrollando la función en la que creo».

Así respondió el director del Guggenheim a la creciente presión de la oposición sobre su grado de responsabilidad en el escándalo. Incluso Aralar, EHAK y EA -éste, socio del Gobierno tripartito- se sumaron con menor o mayor intensidad al PP y el PSE para denunciar la falta de control y «el exceso de confianza» que había depositado la dirección en Cearsolo. Sólo el PNV se quedó rezagado en este lectura. Hizo una más meliflua, apoyando las iniciativas oficiales anunciadas para eliminar el riesgo de nuevas sorpresas en las finanzas. Fue la única formación que, a través de Leyre Corrales, ofreció un apoyo explícito a la gestión de Vidarte, y éste lo agradeció. «Espero estar a la altura», contestó.

«Ciegamente»

Precisamente, la confianza fue otro de los argumentos centrales de la sesión. Celaá se lo preguntó directamente a la consejera de Cultura, que también comparecía a petición propia como presidenta de la sociedad Tenedora, encargada de la adquisición de obras de arte y una de las ramas del Guggenheim expoliada por Cearsolo -desvió a sus cuentas 325.000 euros de 1999 a 2005-. «¿Apoya usted ciegamente a Vidarte?», inquirió a Miren Azkarate, más alejada de asumir cualquier atisbo de responsabilidad en un desfalco que ha afectado a los fondos públicos que aportan el Gobierno vasco y la Diputación. Su contestación causó sorpresa. «¿Ciegamente?, no», contestó entornando los ojos. «Pero confió en él», le dijo mirándole de frente antes de ir a más.

«Y se lo digo delante de él. Si tuviera la sospecha de una negligencia durante la investigación que está en marcha, no dudes Juan Ignacio de que pediría tu cabeza». La frase, dicha así en sede parlamentaria, sonó poco coloquial y sobresaltó a los presentes. Vidarte se revolvió en su asiento, mientras los demás cruzaban miradas de sorpresa. Pese a parecer una advertencia más propia de la oposición que de un miembro del Gobierno, lo cierto es que Azkarate y el director del Guggenheim afrontaron al alimón y sin chirridos las tres horas largas de comparecencia.

Tuvieron un gesto revelador de esa sintonía cuando la oposición insistió en conocer cómo el museo ha tardado apenas cinco días en desentrañar un desfalco perpetrado en ocho años. Vidarte admitió que sólo tienen confirmadas por sus propios medios las irregularidades de 2004-05. ¿Y hasta 1998, año en el que empiezan los robos en la sociedad Inmobiliaria, de la que se apropió de 160.000 euros de 'tirón'?. «De su confesión», le sopló al oído Azkarate a Vidarte en su turno de respuestas. Esta novedosa aclaración no descarta la aparición de nuevos desvíos cuando se examinen en profundidad esos períodos de sombra. Entretanto, se ha dado por bueno el listado donde Cearsolo confesaba sus trapicheos, anotados en un estadillo que el propio Vidarte presentó cuando desveló el desfalco, el despido y la denuncia judicial.

Carmelo Barrio (PP) buscó ese flanco, el de la confianza entre Vidarte y Cearsolo, aunque el director del museo se mantuvo firme. Barrio intentó encontrar contradicciones en la versión oficial sobre el descubrimiento del robo y el posterior despido y lo hizo sin rodeos: «¿Hay algún tipo de acuerdo con Cearsolo, contactos, estrategia?».

No obtuvo mucho por parte de Vidarte, quien desveló que habló por teléfono con su ya ex director de Finanzas en la noche del martes 2 de abril, el día que se cogió la baja: «Me llamó para contarme lo de la baja, que iba a ser de larga duración. Para mi extrañeza, me comentó que era por depresión». 24 horas después, sin el 'cerebro' contable presente, llegó la petición de información cursada por el Tribunal de Cuentas sobre la ruinosa operación de cambio de divisas. Vidarte desvinculó ayer el desfalco de las pérdidas de más de seis millones en esta compra de dólares, a pesar de que la mano de Cearsolo está en ambos lugares.

El viaje a Nueva York

Vidarte se amparó en las casualidades para explicar su viaje a Nueva York la misma semana que estalló el escándalo. Barrio insistió en saber por qué informó antes a la fundación americana que a las instituciones vascas, y si Azkarate había autorizado ese viaje. De lo primero, Vidarte volvió a alegar que el viaje obedecía a «motivos profesionales», que no concretó. Sobre lo segundo, la consejera lo dejó pasar por alto.

Pese a la insistencia de Aintzane Ezenarro (Aralar), el director del museo también se resistió a desvelar quién proporcionó a Cearsolo los códigos para realizar al menos dos fraudulentas transacciones informáticas, claves que sólo debía conocer Vidarte.
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