
El éxito podría ser fruto de la fidelidad de sus 'compatriotas'. Sí, pero no sólo. McCain tiene un problema. Como Hillary u Obama. Porque además de Paul también Mike Huckabee sumó el 11% de las papeletas depositadas. ¿Y qué importa si todo está decidido?, se podría preguntar cualquier profano. Le responden los analistas en la carrera republicana. «Demuestra que el senador de Arizona, pese a su clara victoria -también en Pensilvania (73%)- no acaba por aglutinar todas las sensibilidades de los votantes de su partido», explicaba ayer Ron Wood, experto de uno de los periódicos locales de Filadelfia.
Preocupante
Es preocupante pensar que más de 200.000 republicanos de Pensilvania han dado su apoyo a dos hombres (Paul y Huckabee) que hace meses han dejado de despertar interés para los medios de comunicación. ¿Y si ocurre como se presume en el bando demócrata? En esta formación los seguidores de Obama amenazan con no votar a Hillary y los de Hillary tampoco a Obama en las presidenciales. O sea, que en la formación del elefante los que piensan que Paul y Huckabee serían buenos inquilinos del Despacho Oval opten por dar la espalda a McCain.
Pensilvania ha lanzado un mensaje al ex veterano de Vietnam: no todos los republicanos están con él. Y la lectura, según diversas fuentes, también debería llegar al aparato del partido. Hay diferentes corrientes. ¿Sobre qué materia? Lógicamente, en todos los campos, pero sobre todo en lo referente al mantenimiento de las tropas en el 'frente' de Irak. McCain representa a la línea ortodoxa, la dura, la que dice que los soldados deben seguir allí, de derrota en derrota hasta la victoria final. Otras se acercan más a los demócratas: en el Golfo ya hay poco que hacer. Y, por cierto, Ron Paul fue el único que siempre dijo estar contra la guerra.







