
La réplica llegó del encargado de la ponencia de estatutos, Alberto Núñez Feijóo, quien sentenció que «no se puede enmendar lo que no existe». El presidente del PP de Galicia, en colaboración con Rosa Estarás y Alfonso Mañueco, será el encargado de elaborar el texto de la propuesta y tendrá que defender la posición oficial en el debate frente a las enmiendas de los compromisarios.
Núñez Feijóo dispone de un plazo para asumir las enmiendas y las que rechace serán debatidas en comisión en el cónclave. Las propuestas que superen el 20% de los votos pasarán a ser discutidas por el plenario, donde necesitarán el apoyo de la mayoría simple para prosperar. El dirigente gallego se niega, por ahora, a adelantar su posición sobre la iniciativa de elecciones primarias y alega que no puede «entrar en los ruidos» que acompañan a este periodo precongresual. Pide que se le deje, «primero, hacer la ponencia» para, después, someterla a los compromisarios. Otras fuentes populares consideran prematura la iniciativa del edil madrileño, que todavía desconoce qué mecanismos electorales incluirá el documento oficial.
Por contra, el secretario general del PP de Madrid, Francisco Granados, no descartó esta vía para avanzar en la democratización interna del partido. También el diputado Gustavo de Arístegui señaló que no le molesta «nada» la posibilidad de elecciones internas, aunque matizó que el debate que debe darse en el congreso no es de personas, sino de proyectos políticos. Federico Trillo apostó por estudiar «los pros y los contras».
El sistema de elecciones primarias ya fue rechazado por el PP en 1998, en pleno debate político provocado por la incorporación de este mecanismo a las normas del PSOE. «Cuando no se tiene líder se buscan procedimientos para encontrarlo», dijo entonces Ángel Acebes. Los más expertos dirigentes conservadores consideran inadecuado este mecanismo de elección para todos sus cargos y contrario al diseño continental de partidos políticos. «El PSOE lo adoptó sólo parcialmente y le provocó distorsiones enormes por lo que tuvo que eliminarlo», explica un alto cargo del PP. «No creo que pueda prosperar esa propuesta y tampoco lo deseo porque es un mecanismo demasiado asambleario que ofrece resultados muy poco sensatos».
Rebajar la agresividad
Al margen de la idoneidad de unas primarias, el silencio de la dirección nacional del PP ante el fuego cruzado que se produce entre diversos dirigentes en esta etapa precongresual incomoda a la organización, que pide a su cúpula que ponga orden y rebaje la agresividad de la bronca. El diagnóstico sobre la «parálisis» del partido es compartido por numerosos dirigentes que acusan a Mariano Rajoy de haberse embarcado en una campaña electoral interna mientras abandona la labor de oposición.
«Ahora estamos debajo de las alfombras», sostiene gráficamente un histórico parlamentario, mientras miembros del 'aparato' creen que se ha «rebajado considerablemente» el conflicto planteado por Aguirre gracias a la mediación de Francisco Camps y las gestiones telefónicas entre la sede del PP y la presidencia de la Comunidad de Madrid.
Desde el equipo de Rajoy se argumenta, además, que «la dirección nacional está en funciones porque es parte en este proceso y ahora corresponde al comité organizador del congreso tomar las decisiones para garantizar su limpieza y neutralidad». Sin embargo, miembros del comité organizador aseguran que el órgano precongresual no tiene competencias sustantivas y sólo le corresponde hacer propuestas de carácter organizativo.







