El relevo de Luesma se produce después de que él mismo haya mostrado en las últimas semanas su apuesta por alejarse de este puesto. Según fuentes próximas al todavía delegado del Gobierno, la decisión se debe a su deseo de «iniciar una nueva etapa» para la que se pone a disposición del partido. Luesma ha indicado a sus más próximos que los cuatro años que ha ejercido el cargo han sido «intensos, importantes y complicados en el País Vasco».
Abogado que ya fue consejero de Trabajo en el Gobierno de Ardanza, el político socialista se ha caracterizado por la moderación y la defensa de la «firmeza democrática» frente al terrorismo. Asimismo, se ha encargado de engrasar las relaciones con el PNV y, en concreto, con el Departamento de Interior. No en vano, llegó al puesto después de que la anterior delegación, dirigida por el PP, mantuviera numerosos enfrentamientos con el Ejecutivo autónomo por distintas cuestiones, como la ampliación de la plantilla de la Ertzaintza.
Luesma se encargó de facilitar la relación entre el Ministerio y el Departamento de Interior. Según sus propias palabras, intentó buscar una aplicación de la ley «sin estridencias». Esta gestión se ha acentuado en los últimos meses con la defensa de la legalidad en cuestiones como la Ley de Banderas, la eliminación de nombres de etarras en calles y plazas de localidad vascas o el apoyo jurídico a las obras del TAV ante las campañas de protestas organizadas por la izquierda abertzale.
El delegado del Gobierno, por otra parte, accedió al cargo meses antes de que se iniciase el proceso de diálogo entre el Ejecutivo central y ETA. En ese tiempo, la discreción y la templanza han sido dos de sus principales características.
Por su parte, Mikel Cabieces, un veterano del socialismo de la margen izquierda, ha sido un hombre respetado por la dirección socialista de Patxi López pese a que apoyó sin tapujos a Nicolás Redondo en su pugna con el actual dirigente socialista vasco. Según distintas fuentes, una de sus características ha sido la lealtad absoluta al partido.
En abril de 2002, cuando Nicolás Redondo decidió que abandonaba la política por sus «insalvables diferencias» con la dirección del PSE, Cabieces fue una de las personas que compareció en público con el ex secretario general para apoyarle. De hecho, Redondo aún milita en la agrupación local de Portugalete. En 2003, después de que el PSE no presentase a Carlos Pera como candidato a la Alcaldía de Barakaldo, Cabieces y otros dirigentes como Ana Urchueguía, primer edil de Lasarte, enviaron una carta al entonces secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, para denunciar el supuesto «atropello» que suponía la exclusión de su compañero.
Cabieces recuperó la hegemonía socialista en Portugalete en 2007, después de que en las elecciones de 2003 el PNV fuera la lista más votada en la localidad. No obstante, conservó la alcaldía gracias a un pacto con el PP. En esa campaña, después de que el PNV le acusara de ganar 98.000 euros al año, buzoneó su nómina a los vecinos para demostrarles que su sueldo era de 3.800 euros al mes.
Ataque a Cabezudo
En marzo de 2002, el dirigente portugalujo vivió con crudeza la barbarie terrorista. ETA intentó asesinar a la edil socialista de esa localidad Esther Cabezudo y a su escolta, Iñaki Torres, mediante una bomba oculta en un carrito de la compra que los terroristas hicieron explotar a su paso. La detonación hirió a Cabezudo y a su guardaespaldas, pero ambos salvaron la vida. Cabieces declaró días más tarde: «La libertad hay que conquistarla. Nosotros, aquí y ahora, no nos resignamos a perderla. Vamos a ganar porque ETA y Batasuna sin pistolas no son nada». Su llegada al cargo de delegado del Gobierno coincide con un momento en el que, de nuevo, ETA ha puesto a los militantes socialistas en su punto de mira.
Según distintas fuentes, su sustituto al frente de la alcaldía de Portugalete podría ser Mikel Torres, actual concejal de Economía. Torres es uno de los hombres de confianza del líder del PSE-EE, Patxi López.







