
José Luis Bilbao desarrolló esta reflexión en una conferencia-coloquio de la Fundación Sabino Arana, durante la que criticó sin ambages los proyectos de concentración de fuerzas abertzales similares al que defendió, sin éxito, Joseba Egibar de cara a las pasadas elecciones generales. El diputado general se situó en las antípodas del esencialismo con una defensa de corte posibilista del ejercicio del poder ejecutivo: «La sociedad, el país, la nación, la patria somos las personas que aquí vivimos y a quienes debemos ofrecer soluciones» en vez de «más frustración, desencuentros y debates estériles».
A la conferencia, celebrada en una de las salas del Palacio Euskalduna, asistió, entre otros, el presidente del BBB, Andoni Ortuzar, quien se marchó antes de finalizar el acto. Curiosamente, la salida de Ortuzar coincidió con el momento en el que Bilbao abordaba la parte más polémica de su intervención. Además, se sentaron en las primeras filas la secretaria del EBB, Belén Greaves; el consejero de Sanidad, Gabriel Inclán; el diputado general de Álava, Xabier Agirre; el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna; y el ex lehendakari José Antonio Ardanza (Iñigo Urkullu estaba en Madrid). También asistió el presidente de la BBK, Xabier Irala. Ante ellos, Bilbao también pareció querer dar réplica a las continuas alusiones que Juan José Ibarretxe realiza a la necesidad de hacer «política con mayúsculas» en el País Vasco. El diputado general de Vizcaya advirtió de que este concepto no se limita sólo «a los grandes debates» que «sigue teniendo pendientes este país», sino que «también es política con mayúsculas la resolución de los problemas cotidianos de la ciudadanía».
Momento clave
Bilbao habló en un tono duro, agrio en ocasiones. Abordó con extrema crudeza el problema del terrorismo, convencido de que «tenemos un país enfermo» y «en estado grave, porque la violencia de ETA y de sus entornos es una realidad que envilece la vida cotidiana y las relaciones sociales», apuntó.
El político vizcaíno se presentó en el Euskalduna plenamente consciente de que sus palabras iban a generar una polémica que él mismo buscó. No en vano, tras centrar la primera mitad de su exposición en el tema original de la conferencia -que cerraba un ciclo organizado por la Fundación Sabino Arana con motivo del 25 aniversario de la Ley de Territorios Históricos- dio sin disimulo un brusco golpe de timón para abordar una segunda parte de hondo calado político. Y, tras lanzar su propuesta de pacto con el PSE-EE, admitió la posibilidad de que ésta sea «mal acogida» en sectores del PNV. «Sé que para alguien esto es ser un vendepatrias, blando y melifluo. Soy consciente de que se levantarán voces que hablarán de poltronas, intereses y cosas peores», adelantó.
El diputado general de Vizcaya, una de las voces peneuvistas más autorizadas entre los dirigentes que no forman parte del EBB, salió a la palestra en un momento político clave, en el que el conjunto de las fuerzas políticas baraja, abiertamente o en sus análisis internos, el adelanto de las elecciones autonómicas como una hipótesis más que probable. Además, lanzó su discurso en un escenario especialmente incómodo para su partido que, no repuesto aún de su último susto electoral, reclama sin éxito a José Luis Rodríguez Zapatero que se pliegue al esquema impuesto por el lehendakari en su 'hoja de ruta' y aborde la negociación que siente las bases de un futuro proceso de normalización política basado en el derecho a decidir de la sociedad vasca.
Y todo ello a apenas dos meses vista del pleno del Parlamento vasco en el que Juan José Ibarretxe pedirá la autorización para convocar una consulta ciudadana que incomoda a sectores muy amplios del PNV y que, entre las formaciones que componen el Gobierno vasco, sólo es defendida sin dudas por Eusko Alkartasuna. Mientras el lehendakari sigue sin ofrecer síntoma alguno sobre un hipotético cambio de planes, Bilbao apostó ayer, en respuesta a una cuestión planteada durante el coloquio, por «flexibilizar» los plazos. De lo contrario, dijo, se corre el riesgo de «encorsetar algo que puede merecer la pena». El diputado general recordó que aún se desconoce la pregunta que se pretende plantear a los ciudadanos e insistió en que la consulta debería celebrarse en «ausencia de violencia», porque «ETA influye. Cuando actúa, estamos todos con el pie cambiado».
En todo caso, el político vizcaíno proclamó su firme convencimiento «de la necesidad de un cambio profundo» en el marco jurídico-político actual para superar el «conflicto político entre Euskadi y España». En este sentido, abogó también por «un nuevo marco que exprese y articule la capacidad de decidir nuestro futuro». Pero insistió en que no será posible alcanzar «un acuerdo válido para la siguiente generación» si no está sustentado «por el mundo nacionalista democrático y el mundo socialista». Alineado también en este extremo con la más pura ortodoxia peneuvista, lamentó que «hoy por hoy no parece que el Partido Socialista esté por la labor».
PNV «cainita»
Convertido desde ayer en el cargo jeltzale que ha llegado más lejos en sus reflexiones tras el revés que sufrió su partido el 9-M, José Luis Bilbao retomó la senda marcada por el anterior presidente del EBB. Josu Jon Imaz trabajó por orientar al PNV hacia futuros acuerdos políticos transversales hasta el mismo día en el que renunció a la reelección, para intentar cicatrizar la herida que supuró durante cuatro años en el partido y que aún parece estar fresca. De hecho, el propio diputado general de Vizcaya no pasó por alto durante la conferencia que el PNV mantiene «en su seno la permanente tentación de la radicalidad y una preocupante tendencia cainita interna» y advirtió a sus compañeros de partido que la formación jeltzale «sólo puede seguir siendo el cauce central de la sociedad vasca con responsabilidad y visión de futuro».
Bilbao lanzó este primer mensaje en clave interna tras insistir en que el País Vasco «no es monolítico» y desarrollar su particular visión de las «cuatro corrientes de fondo» que, a su juicio, reflejan esta realidad: una «derechona españolista retrógrada» y «carca» que encarnó en el Partido Popular; un socialismo «jacobino» que niega el «hecho diferencial vasco»; «un nacionalismo vasco profundamente democrático» representado por el PNV; y «una izquierda que se autodefine como abertzale», «autoritaria y fascistoide» y «revolucionaria y a la vez cobarde por su incapacidad demostrada para alzar la voz contra las vulneraciones de derechos humanos».
Después de constatar que ninguna de estas corrientes tiene capacidad «por sí sola» para liderar «en solitario el presente y el futuro de Euskadi» y, en un rápido análisis sobre alternativas de acuerdos ensayadas en el pasado, se detuvo en el Pacto de Estella. «Lizarra fracasó», dijo, antes de recordar -en clara alusión a Joseba Egibar, a quien no citó- que «hay quienes están tentados de poner en marcha una Lizarra bis bajo las siglas de Euskal Herria Bai para apelar a la sociedad vasca a la defensa grandilocuente de la patria sin pararse a pensar en cómo es hoy la sociedad» y «reviviendo el viejo y trasnochado espíritu 'eladio' de los vascos químicamente puros».
Además, recordó que también fracasó «el gran frente del 'no' que intentaron el Partido Socialista y el Popular» en 2001.
Apoyado en este análisis, defendió los futuros pactos entre el PNV y el PSE-EE. Y más contundente aún se mostró minutos más tarde, cuando, ya en pleno turno de preguntas, señaló que el «tripartito está agotado». Para Bilbao, el acuerdo fue fruto de un «momento histórico» ya superado, que estuvo marcado por el «frente del 'no'» y la «refundación de Batasuna». «El tripartito se intentó como un proyecto de centralidad, pero los datos dicen que el modelo está agotado, caducado como un yogur», recalcó. En este sentido, sostuvo que difícilmente pueden seguir representando la centralidad tres partidos «que no comparten proyectos importantes». «EB y EA han sido desleales, y se han desmarcado de proyectos importantes, como ha hecho EA con el plan de Accesibilidad de la Diputación», concluyó, tirando para casa.










