La nueva normativa de seguridad aprobada por el Ministerio de Fomento ha encendido la señal de alarma en los ayuntamientos del litoral y en los clubes náuticos que organizan pruebas deportivas. Se trata de una reglamentación más severa, que aumenta el control sobre las embarcaciones y prevé multas muy cuantiosas. Por lo que parece, la medida ha cogido al personal por sorpresa y nadie calibra hasta qué punto afectará a sus actividades acuáticas.
La gente marinera sabe que al mar no hay que perderle el respeto y cualquier propuesta destinada a que una celebración lúdica no se convierta en un drama debería ser bien recibida. Sin embargo, la nueva ley se valora con ciertos recelos por parte de ayuntamientos y clubes marítimos. El punto más polémico de la norma es la figura del llamado coordinador de seguridad, que será un particular designado por los organizadores del evento y que deberá tener las espaldas lo suficientemente anchas como para soportar la responsabilidad de cualquier accidente, desgracia o imprevisto.
En principio, no parece que ninguna de las fiestas que cuentan con episodios de naturaleza marítima corra peligro. Más crudo lo tienen los pequeños clubes deportivos, que quizá no dispongan de medios para cumplir las nuevas exigencias de seguridad. Aún así, en los últimos años se advertía de que, sobre el agua, hacíamos mejor las cosas. Ya no se veía tanto barco superpoblado, tanto rumbo errático y tanta marinería tirando a borrachuza.
Todos nos asustamos hace nueve años, cuando en las fiestas de Mundaka el barco que llevaba a la comitiva municipal embarrancó y volcó. Desde entonces, navegamos con más cuidado. Menos mal que aquella embarcación estaba llena de políticos y que, como es sabido, los políticos son unos humanos genéticamente diseñados para salir siempre a flote.




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