
«Pretendemos que las estancias no se alarguen más de un año», explica Silvia Pardes. No en vano, lo ideal es que las mujeres puedan cambiar su situación en «un ambiente normalizado, manteniendo la relación con sus amistades y familia». Esto, sin embargo, no suele ser posible en estos hogares de acogida. Por su propia naturaleza, los accesos están restringidos, ya que prima ante todo la protección de las mujeres.
En estas viviendas, se alojaron a lo largo del pasado año 19 mujeres, siete más que en 2006. Todas ellas estuvieron acompañadas por un equipo de educadores y trabajadores sociales. El objetivo de estos especialistas es claro. «Queremos ayudar a estas maltratadas a recuperar su 'ser', que siempre ha estado ahí, pero que durante un periodo de tiempo se ha encontrado ahogado en una relación que les obligaba a prescindir de sus deseos y capacidades para poder sobrevivir a su propio maltrato», detalla la técnica de Intervención Social.
Se trata, en definitiva, de que se valoren y pongan en práctica sus capacidades. «Lo importante no es el alojamiento en sí, sino la formación que les damos», indica Pardes. Doce de las mujeres atendidas en 2007 estuvieron, además, acompañadas por sus hijos.
El Consistorio alojó a once víctimas del maltrato en otras tres viviendas, conocidas como centro de alojamiento inmediato, ante el riesgo de que fuesen agredidas si permanecían en su casa. En este tipo de pisos, eso sí, las estancia máxima es de un mes.





