
«Ella demuestra lo efímera que es la fama». Porque, con el tiempo, sobre la liliputiense más famosa de finales del XIX y principios del XX cayó un manto de olvido que no ha sido levantado hasta ahora, con la novela ganadora del Premio Alfaguara de este año. 'Chiquita', del escritor cubano afincado en Miami Antonio Orlando Rodríguez, «rellena» los muchos huecos que hay en la biografía de la pequeña gran artista, esos que escapaban a los periodistas. Su nacimiento e infancia, su juventud, sus relaciones amistosas y sentimentales, sus deseos y sus motivaciones. Había mucho campo en el que trabajar, y el autor de la obra ha estado cinco años haciéndolo. «Ya tenía ganas de divorciarme de ella».
El matrimonio ha dado como fruto 550 páginas de «aventuras que el lector puede leer con el mismo asombro con el que lo hacía en la infancia», dice Antonio Orlando Rodríguez. Es el resultado de un arduo trabajo de documentación y de búsqueda del material gráfico que da fe de que Chiquita existió y de que tuvo mucho éxito. Hasta el marketing revolucionó la 'muñeca viviente', 'el átomo cubano', 'la reina liliputiense cubana', 'el más pequeño ser humano del mundo' de su época, tal y como anunciaban folletos y postales. Sus fotos se subastan aún en eBay y en alguna universidad estadounidense hay una partitura compuesta especialmente para Espiridiona, ilustrada con una sensual foto de la artista. Tumbada en una piel de leopardo y muy escotada, Chiquita luce sus 65 centímetros orgullosa.
Fascinación por Cuba
Frente a otros enanos, 'marionetas' de los empresarios de circo, seres a los que el manager mantenía en el analfabetismo y la semiesclavitud mientras hacía dinero paseándolos por el mundo que los consideraba 'errores de la naturaleza', Chiquita «llevó su carrera» ella misma. Partía con ventaja, la que le dieron sus padres en Matanzas. «Refinada, culta, alimentada culturalmente por sus tutores», sabía varios idiomas, leía, cantaba y bailaba. Recitaba y escribía versos. Con un gran carácter -hace falta cierta maldad para sobrevivir midiendo 26 pulgadas-, transformó en trabajo lo que habría sido sólo una limitación.
«En Estados Unidos fascinaba como ser humano por su tamaño, pero también porque había pasión por todo lo que ocurría en Cuba», explica el escritor, que cuenta también en la novela la historia de la isla durante las guerras por la independencia y en los primeros años de su existencia autónoma. Entre la vida de Chiquita y la de Cuba, de hecho, pueden hacerse paralelismos. «En realidad entre ella y todas las naciones pequeñas, Hawai, Puerto Rico... Las grandes potencias jugaban con ellas, eran las enanitas del mapa», describe.
Sobre su país de origen, Antonio Orlando Rodríguez lo tiene claro: «Cuba lleva 50 años de guerra consigo misma, nunca ha habido un enemigo externo»






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