
Para empezar porque la semana que viene hay un Teka-Algeciras en el que alguno sumará. Y luego porque los santanderinos, que lo tenían complicado, amenazan con hacer un esprint final tremendo, ya que han fichado esta semana para jugar estos tres partidos a dos jugadores de primer nivel mundial (el central húngaro Gabor Scászár y el lateral danés Bo Spellerberg, ambos internacionales y de gran prestigio en el balonmano europeo).
Al Almería no le queda otra que vencer mañana (19.00 horas, por TVR) al Naturhouse. Los andaluces son conscientes de ello, y se han mentalizado durante toda la semana de que el choque ante los riojanos es «una final», como lo ha calificado su entrenador, Guillermo Plaza, que sustituyó en el banco almeriense a Txema Senosiain a mitad de temporada.
Sobre el papel, el equipo naranja tenía bloque para más, con jugadores con mucha experiencia en Asobal y calidad de sobra. Destacan unos extremos rápidos a la contra y eficaces de cara a la portería: Nikcevic, Ugalde y Tavares, principalmente.
La primera línea tiene un central muy rápido y explosivo, un Alexandre Tioumentsev que compartía equipo con Marco Altonio Oneto el año pasado en el Bidasoa. A sus lados, aportan dos buenos brazos Vladimir Petric y el contundente (y recordado en Logroño) Vojislav Kraljic. Pavlovic también destacó en esta faceta en el Palacio en la primera vuelta. El pivote está ocupado por Iker Serrano, otro de los más efectivos en el 30-29 de la primera vuelta, en un partido nada brillante por parte de ambos equipos.
Esta vez, la historia es diferente, al menos por la necesidad de ambos equipos. Los almerienses necesitan los puntos como el comer y el Naturhouse no tiene más presión que la de evitar el pésimo registro de no lograr una sola victoria fuera de casa en toda la liga -después sólo quedará visitar el Palau-.





