En un comunicado, la portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, aseguró que «estamos convencidos, basados en diversa información, de que Corea del Norte ayudó a las actividades nucleares encubiertas de Siria. También tenemos buenas razones para creer que el reactor, destruido el 6 de septiembre del año pasado, no tenía fines pacíficos». Funcionarios del Gobierno de Bush presentaron ayer pruebas de la existencia de ese reactor y de la colaboración norcoreana, en intervenciones a puerta cerrada ante varios comités del Congreso de EE UU.
La construcción de ese reactor constituía, a juicio de la Casa Blanca, una iniciativa «peligrosa y potencialmente desestabilizadora» para el mundo y Oriente Próximo, en particular porque se desarrolló de manera «encubierta y en violación de los procedimientos diseñados para dar garantías al mundo sobre los fines pacíficos de las actividades nucleares».
El incidente recuerda que «a menudo países que fomentan la proliferación nuclear patrocinan el terrorismo, fomentan la inestabilidad y cooperan mutuamente para esos fines», agrega. Según Perino, el reactor se encontraba en el este de Siria «cuidadosamente oculto».







