
EL LÍDER
Después de rodar a una media de 43,564 kilómetros por hora, sacando de rueda, con una superioridad pasmosa, casi insultante, a Geslin (Bouygues), Danilo Hondo (Serramente), Drujon (Caisse d'Epargne) Urtasun (Liberty) y Sobrino (Burgos) que se limitaron a seguir su estela victoriosa, envidiable.
Fin consecuente para una etapa nada convencional; más propensa a la vorágine que se monta en las pruebas amateur, donde puede más el corazón que la cabeza y se rueda a saco. Un desenlace razonable, aunque menos, sobre el papel. Pero merecido. Sobre todo, merecido.
A la escuadra de Martínez Oliver, en estado de gracia en las últimas citas del circuito, se le metió entre ceja y ceja la carrera y optó por el órdago a la grande. Escribiendo de principio a fin todo el parte de guerra. Para el kilómetro 25 ya se habían contabilizado en el diario de sesiones seis andanadas de peso y en cinco se colaban, cuando no las propiciaban, los hombres de la formación sureña. Tres llevaban la firma de José Antonio López, encargado de reventar cualquier tipo de estrategia diseñada en retaguardia, probablemente conservadora, sabiendo lo que se libra hoy sobre los cerros de Sierra Cantabria.
Ninguna llegó a contar con más de veinte segundos de ventaja. Pero entre unas y otras, tensas, largas, duras, acabaron por desquiciar a la tropa y por minar la paciencia del Bouygues francés, la escuadra que con más claridad llegó a desvelar su intención de someter a cerco la prueba, al menos en los primeros compases de la etapa que inauguraba la ronda riojana. Tanto desgaste no hizo sino resquebrajar la solidez del gran paquete que se fragmentó a los sesenta kilómetros y, harto de tanto tirón a lo loco, dejó hacer. Antes de llegar a Grávalos consintió la fuga de un nuevo guerrillero del Andalucía: Redondo se aferró a las orejas de la 'burra' para evitar el abrazo del asalto más abrasivo del trazado y abrió brecha. Palomares, del Contentpolis, se pegó a su rueda.
Segunda fase de la etapa
Ahí se forjó la segunda fase de la estrategia andaluza. Las referencias comenzaban a dispararse ante la indiferencia de los grandes que preferían dejar hacer, consumar la operación de sitio y desgaste, manejarse con algo más de paciencia; diez kilómetros después se acercaban a los tres minutos; en la ascensión a Vallaroso se disparaban por encima de los seis minutos.
Caisse d'Epargne, Acqua y Karpin Galicia decidieron poner coto a tanto desmadre. Así es como comenzaron a fundirse los márgenes de maniobra de que habían llegado a disponer los fugados, pegándose al tirón final de Extremadura y Burgos Monumental, que engulleron a Palomares, que coronaba el Alto de las Tres Tetas y se garantizaba el liderato en la Montaña, a siete kilómetros de meta. Poco antes de reventar la aventura de Redondo.
Pareció entonces que Andalucía quedaba, definitivamente, fuera de cuerda. Sólo lo pareció. En realidad, guardaba una última bala en la recámara. Ventoso volaba certero en la recta de Calahorra hacia el primer maillot de líder de la vuelta. Y lo defiende hoy.





