
El trance fue especialmente duro para las tres hijas de Ziarrusta, que no abandonaron el primer asiento del salón de plenos en ningún momento, y sus compañeros del PNV en la Corporación, arropados permanentemente por la ex-alcaldesa y presidenta de la junta municipal jeltzale, Pilar Ardanza, técnicos del Ayuntamiento y concejales de ANV, PSE-EE, PP, Aralar y Ezker Batua. A primera hora de la tarde llegó al velatorio el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, quien tras imponer la medalla de su partido al difunto quiso destacar su vertiente de persona «absolutamente comprometida» que, tanto desde la Alcaldía, como desde otros cargos internos o la militancia de base, luchó con todas sus fuerzas «para lograr un mejor pueblo de Durango y una mejor Euskadi para todos los ciudadanos».
A preguntas de los periodistas, Urkullu eludió pronunciarse sobre el relevo de Ziarrusta, aunque sí dio a conocer que el nombramiento tendrá que realizarse en un pleno para el que, aunque pueden presentarse más candidatos, «entendemos que los restantes partidos políticos tendrán en cuenta las circunstancias que estamos viviendo». El PNV gobierna en minoría en Durango con siete de los veintiún concejales con que cuenta el Ayuntamiento.
«Hombre de acción»
Tampoco su homónimo vizcaíno, Andoni Ortuzar, quiso entrar en ese tipo de consideraciones. «Aún estamos velándole», atajó tras calificar a Ziarrusta como un «hombre de acción y pocas palabras» que, debido a su trayectoria en el Ayuntamiento y la Diputación, «lo ha sido todo para el partido y también para Durango». Pese a su apariencia «seria y distante», añadió el presidente del Bizkai Buru Batzar, «era una persona muy afable y familiar que siempre dio la cara y que hizo una labor muy importante en Durango. Una labor que no se puede perder en el tiempo porque se lo debemos a él».
La capilla ardiente permaneció abierta al público en el Consistorio, cuya fachada lucía una ikurriña con crespón negro y tres pendones, hasta las cuatro de la tarde. Minutos después, y con el sonido de un violoncello de fondo, agentes de la Policía Municipal portaron el ataúd hasta el coche fúnebre que trasladó el cadáver a la basílica de Santa María. Este vehículo precedía a otros cuatro cargados de coronas y centros de flores. ´
Esperaban para entonces en la iglesia otras caras conocidas del PNV como el diputado general, José Luis Bilbao, con buena parte de su equipo; Juan Mari Atutxa, José Alberto Pradera, Belén Greaves o la presidenta de las Juntas Generales, Ana Madariaga. Por parte del PSE, la delegación estuvo integrada por el secretario institucional del PSE vizcaíno, Iñaki Egaña, el alcalde de Portugalete y próximo delegado del Gobierno en el País Vasco, Mikel Cabieces, y Alfonso Gil. Tampoco faltó al funeral el coordinador de Ezker Batua y consejero de Vivienda y Asuntos Sociales, Javier Madrazo, ni numerosos alcaldes y concejales de municipios del Duranguesado.
Del mundo del deporte, la cultura y los medios de comunicación se dieron cita representantes de clubes, federaciones y asociaciones, entre los que se encontraban el director general de El CORREO, Iñigo Barrenechea, así como el del Museo del Prado, Miguel Zugaza, entre otros. El oficio religioso estuvo presidido por el vicario general, el durangués Ángel María Unzueta. A la salida del abarrotado templo, y tras un aurresku de honor, una salva de aplausos despidió al hasta el pasado miércoles alcalde de Durango.





