El próximo día 1 de mayo se cumplen 10 años del lanzamiento del euro, que tardaría aún 4 años -hasta 2002- en llegar a las manos del público. Entre 1998 y 2002, la nueva moneda operó únicamente como medio fiduciario.
El Ejecutivo comunitario no quiere que la ocasión quede relegada a una mera efemérides de un acontecimiento trascendental y se propone orientar los quehaceres para la próxima década. Tiene previsto aprobar el día 7 una amplia comunicación en la que se consideran acciones de tres tipos para mejorar el funcionamiento de la UEM.
En primero de esos paquetes hace referencia al ámbito estrictamente doméstico. La Comisión, según aseguran fuentes del Ejecutivo comunitario, quiere profundizar y ampliar la vigilancia multilateral que se ejerce en el marco del Pacto de Estabilidad y Crecimiento reformado, incluyendo en ella variables como la inflación y el déficit por cuenta corriente, o conceptos como la 'calidad' de las finanzas públicas o su sostenibilidad a largo plazo.
La vigilancia multilateral debería también fijar su atención en las reformas estructurales, según las fuentes referidas, con la mira puesta especialmente en los mercados laborales, de servicios y de servicios financieros. Bruselas querría emitir recomendaciones en estos campos a los Estados miembros, que el Consejo de ministros debería sancionar.
La 'agenda exterior' de la UEM en su segunda década debería comprender, a juicio de la Comisión, una definición de intereses compartidos actualmente inexistente, que facilitaría sensiblemente la solución del espinoso problema de la representación exterior del euro. Los socios que forman parte de la moneda única, pero que cuentan con silla propia en foros internacionales como el G-7, se la discuten.







