Las baldas que ocupaban están vacías y Teresa Martínez Romero, una clienta, las mira sorprendida. «Ya había oído que había algún problema, pero pensaba que sólo afectaba a las marcas más 'corrientes'. Está visto que una ya no se puede fiar de nada». Así que coge una botella de aceite de oliva, aunque no le sirva para hacer la mayonesa que tenía prevista.
Tampoco se podía comprar aceite de girasol en el Carrefour del centro comercial Gorbeia. «Lo hemos retirado por precaución siguiendo las indicaciones de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria», explicaba Carlos Alonso Charterina, jefe del sector de alimentación del supermercado. «El lunes nos dirán cómo proceder».
Esta falta de concreción y esa espera es lo que muchos consumidores criticaban ayer, día tradicionalmente reservado para realizar la compra semanal. «Lo más grave de todo es la desinformación», protestaba Alejandro Manteco al tiempo que arrastraba su carrito. «Te sueltan que hay varios lotes contaminados y que se debe esperar 48 horas para saber dónde están. Debería saberse la marca afectada, dónde se ha vendido y hasta en qué estanterías estaban».
La incertidumbre no sólo inquieta sino que «asusta», reconoce María Begoña Rekagorri, otra clienta que porta dos botellas de aceite de oliva. «Estamos comprando a precios carísimos todos los productos de alimentación y luego pasan estas cosas... Y a saber de lo que no nos enteramos».
Restaurantes y colegios
Eso crea desazón y un poco de hastío, como demuestra bien Alfredo Ruiz de Azúa. «Estamos en un mundo en el que, en cualquier momento, puede pasar cualquier cosa. Cada día sale algo diferente». Como tiene memoria recuerda «las vacas locas, la peste porcina, la gripe aviar... Con todo te llevas un poco de susto y te crea desconfianza». Pero, qué se le va a hacer, «si nos dicen que no podemos tomar aceite de girasol, pues no lo tomamos».
La inquietud no sólo era palpable en Álava. En Vizcaya, la situación era la misma e incluso se recordaba al tristemente célebre aceite de colza. «Estoy muy asustada porque en aquella ocasión perdí tres familiares», relataba Manuela Periañez en un centro comercial de vizcaíno.
Y otros, como Miguel Ángel Veliz, de Getxo, alertaban de lo difícil que es escaparse del riesgo. «No nos debemos olvidar de que este aceite lo hemos podido ingerir en las cocinas industriales, restaurantes, comedores de colegios... Y eso, ¿cómo se controla?».





