La segunda gran razón que nos invita a disfrutar copará, sin duda alguna, las portadas de la jornada. Hoy quiero olvidarme de cuán larga ha sido la espera, de quién fue verdaderamente el señor 'X', de cuál fue el pecado del Athletic para deberle una reparación Hoy sólo quiero disfrutar de su presencia, vestido de rojiblanco sin tener que poner el cartel de entrenamiento a cada uno de sus pasos, imaginar el latido de sus emociones y ese 'travelling' de imágenes que seguramente pasarán por su mente. Y asimismo intuir las lágrimas de unos padres, mezcla de cariño, alegría y también sufrimientos contenidos. Una coctelera de sentimientos a la que lógicamente también me gustaría poder dedicar un final de novela; aunque, por otro lado, me da la sensación de que ocurra lo que ocurra habrá merecido la pena.
Y enfrente, el Real Madrid. Pese a tener el título de Liga prácticamente en el bolsillo, tampoco ha sido un año especialmente exitoso para los merengues. Prueba de ello es la asiduidad con la que las críticas y los malos humos han acompañado a su técnico, el alemán Bernd Schuster. Hace unos meses conocimos la leyenda que ha acompañado y que preside el vestuario de los madrileños: «Si luchamos puede que perdamos; si no lo hacemos, estamos perdidos». Conociendo la cuna y el sentir de la misma -el grito de una humilde familia lanzaroteña frente al imperio de la construcción- no me encajaba en exceso entre los de Concha Espina; pero es de ley reconocer que valores como el espíritu de equipo, el carácter ganador o el sacrificio rara vez han abandonado al conjunto 'blanco' a lo largo de su historia.
Una historia que de la mano de futbolistas de la talla y el prestigio internacional de Casillas, Pepe, Sergio Ramos, Heinze, Guti, Sneijder, Diarra, Robben, Robinho, Raúl y compañía -casi nada al aparato- intentarán engrandecer esta noche con la conquista, si Barça y Villarreal fallan, de su trigésimo primer título de Liga.
Sin duda, otro buen argumento para ellos y, en sentido contrario, también para nosotros, porque derrotar al Real Madrid y más en su escenario -el del manido 'miedo escénico'- siempre fue una buena razón. Y es que este clásico con mayúsculas siempre desató encontradas pasiones.








