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ATHLETIC
El corazón de Andosilla
El pueblo de Carlos Gurpegui vive con emoción su vuelta a los terrenos de juego y habla con devoción de un chaval que ha conquistado con su sencillez el cariño de sus vecinos
27.04.08 -

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El corazón de Andosilla
EL REFUGIO DE 'GURPE'. Carlos Amatriain, presidente de la Peña Carlos Gurpegi de Andosilla y amigo del jugador, disfruta de las vistas del pueblo con el '18' en la espalda. / FOTOGRAFÍAS: BORJA AGUDO
La amabilidad y el silencio conviven en Andosilla. Las suspicacias de los lugareños se desvanecen en cuanto los 'intrusos' comunican el motivo de su visita. «Venimos a hacer un reportaje sobre Carlos Gurpegui». Nombre que abre todas las puertas. De las tiendas, bares, talleres, casas particulares y hasta del Ayuntamiento. Ganas de hablar. De contar «la verdad». Esta pintoresca localidad de la Ribera navarra, rodeada por las tierras de Sartaguda, Cárcar, Lerín y San Adrián, acostada en la margen izquierda del río Ega, tomada por los viñedos y subida a los lomos de la agricultura, es el refugio de un futbolista que ha confiado su pena a su familia y a sus amigos. Su escudo protector. Han sabido esperar. Todos. «Con rabia, pero también con dignidad», aclaran. Ahora, dos años después, tras deshojar el calendario con la precisión de un relojero, su 'Gurpe' regresa al 'verde'. «Lo único que queremos es verle feliz», comenta la calle. Lo hará esta noche a 427 kilómetros de su casa, de su pueblo, en el Santiago Bernabéu.

En Andosilla viven unas 2.900 personas y da la impresión de que todos adoran a Gurpegui. «¿Es nuestro chaval más internacional!», bromean en el bazar Espe, un todo a cien que regenta Jesús Cruz Suescun, uno de los socios que tiene el Athletic en el pueblo. Es difícil, por no decir imposible, encontrar a alguien que diga algo malo sobre Carlos. Todos se deshacen en elogios hacia un joven «encantador, una bellísima persona», que trata con cariño a sus vecinos. Suescun viaja al pasado para evocar el momento del positivo por nandrolona. Sólo entonces deja de sonreír. Algunos escucharon la palabra por primera vez, un galimatías que «no aventuraba nada bueno», admite doña Mercedes Gurpegui, una familiar «lejana» que acaba de entrar en la tienda. «Fue un 'shock' para el pueblo», coinciden los dos. «'Gurpe' ha sido siempre un deportista, de los que se cuidan. Nos costaba creerlo».

La calle Ramón y Cajal es la principal arteria de la localidad. Una cicatriz de asfalto que atraviesa todo el poblado y lo conecta con los pueblos colindantes. Los lugareños lamentan que haya bajado el cultivo del espárrago ya que, según comentan, «ahora lo importan desde China». Sorpresas que da la globalización. Desde el bar Tory se divisa con claridad el pasar de los tráilers, que sortean las curvas con dificultad. El fútbol, y sobre todo el Athletic, se vive con intensidad en este establecimiento, que preside una camiseta del centrocampista rojiblanco, acristalada y firmada de su puño y letra.

Carlos Amatriain, presidente de la peña Carlos Gurpegui de Andosilla, que cuenta con 110 miembros, acude puntual a la cita. Metido en el negocio de los electrodomésticos y el montaje de cocinas y muebles - «el otro día le puse a los padres de 'Gurpe' un armario precioso»-, habla con devoción de su «'hermano'», con el que ha vivido aventuras desde los tiempos de la inocencia. «¿Quiere que le diga cómo es? Todo corazón». El joven, de 28 años, conoce todos los recovecos de la localidad y el sentir de su amigo, sus secretos, travesuras infantiles e inquietudes de un deportista que viene a su pueblo a «desconectar». Al abrigo de los recuerdos que le protegen de la cruda realidad, críticas, probetas, laboratorios y análisis interminables. «Aquí es sólo Carlos, no el jugador del Athletic, sino simplemente 'Gurpe'», subraya Amatriain.

Todo el mundo conoce las virtudes de Gurpegui sobre el 'verde'. Fajador, todo pundonor y garra, un físico prodigioso y hambre de ganar, de competir. ¿Y en su vida privada? La composición del cuadro cambia. Las revoluciones bajan, se impone la calma y se reducen las marchas. Cuando iba al colegio Virgen de la Cerca, rememora su tocayo, «era muy travieso, un guindilla. No se aplicaba mucho en los estudios, pero era listo y al final lo sacaba todo». El fútbol conquistó pronto su vida. De las categorías inferiores del River Ega, ahora en Tercera, se fue al Lizarra y de ahí al Athletic. «Le vino bien marcharse a Bilbao, se tranquilizó mucho», recuerda Amatriain mientras sostiene una camiseta de su amigo, con el 18 en la espalda. «Es lo más grande que hay», masculla mientras apura un refresco.

«Un palo gordo»

En Andosilla, Osasuna es el equipo referencia, el que cuenta con más seguidores, aunque Carlos Gurpegui ha hecho que el Athletic suba enteros en la tabla de preferencias vecinales. «Nuestra cuadrilla no era nada futbolera. Éramos de 'Gurpe' y ya está. Cuando se marchó a Bilbao, el pueblo se volvió un poco más rojiblanco», explica Amatriain, que luce una pulsera verde en su muñeca derecha. Y luego viene la pregunta obligada. El positivo del jugador. ¿Cómo lo ha llevado? ¿Cómo le han visto? ¿Qué tal lo han encajado los vecinos? «Carlos no expresa sus sentimientos, tanto para lo bueno como para lo malo. Creo que sus padres lo han pasado peor que él y la gente se ha llevado un palo muy gordo».

Doña Mercedes Gurpegui, la «familiar lejana», solía ir a la pescadería que por aquel entonces regentaba la madre de Carlos, Gloria, «cerca del puente». Cuando su hijo dio positivo por nandrolona y le sancionaron con dos años, se le vino el mundo encima. «Muchas veces te atendía llorando», confiesa la señora en voz baja. Aunque parezca mentira, Andosilla se deprimió de una manera muy discreta, sin estridencias, pero de una forma tan clara que permite constatar que las heridas tardarán en cicatrizar.

La gente del pueblo asegura que Gurpegui «viene siempre que puede» a visitar a su familia y a sus amigos. Le 'tira' su tierra, que combina el encanto de las viejas construcciones con la modernidad de los edificios contemporáneos y el empuje de la industria. Durante su 'castigo', se ha refugiado en Andosilla, pero jamás ha descuidado su estado de forma. Carlos Amatriain recrea un domingo de 'fiesta' -«si el equipo ha jugado el sábado»- en la vida de su amigo. «Por la mañana sale a correr y luego se mete en el gimnasio. Luego echamos todos un frontenis y, por la noche, le gusta ir al cine, a Calahorra. Hombre, también le va la 'PlayStation'. Le gustan los juegos 'Call of Duty' y 'Pro Evolution Soccer'». ¿Y los bares? ¿Las discotecas? ¿ La noche? «Nada de nada. En dos años de sanción, ha salido cinco fines de semana. Igual ni llega. Lleva con su novia diez años y se llevan de maravilla», comenta entre risas.

¿Y qué opinan las autoridades locales de Carlos Gurpegui? La respuesta hay que buscarla en el Ayuntamiento, asentado en la Plaza San Cosme y San Damián 1, un aseado edificio que conjuga la sobriedad de la tradición con los destellos de la arquitectura vanguardista. El alcalde, el socialista Juan Enrique Sanzo, de 36 años, abre con gentileza las puertas de su despacho. «Reconozco que el tema del positivo nos ha afectado muchísimo. En realidad, no sabíamos hasta qué punto se ha desvelado todo. Él ni es Ronaldo ni Ronaldinho y le han hecho pagar el pato. Ahora, sin embargo, vivimos con alegría el fin de la sanción». El regidor, que recuerda sus partidillos con Carlos en el pueblo -«yo era mejor», bromea-, define al jugador como una persona «sencilla» que «ha sufrido mucho» y ha adelantado que el Consistorio «apoyará» cualquier iniciativa encaminada a homenajear su figura.

En el taller

José Ramón Gurrea tiene un taller de coches muy cercano al Ayuntamiento, es amigo de la familia Gurpegui y socio del Athletic. En la pared junto al mostrador, lleno de papeles y recortes, un póster del primer equipo. Bien visible. Las cosas claras. Defiende a capa y espada al jugador -«ha sufrido y sus padres también»- y anuncia que «mucha gente irá a San Mamés para apoyarle contra el Mallorca». La pena, comentan en el pueblo, es que ese fin de semana es la romería de la Santa Cruz, un día señalado que rebajará la afluencia de los aficionados andolenses a 'La Catedral'. «Estoy muy feliz porque por fin podrá jugar. Es un chaval maravilloso y siempre que puede se acerca por aquí; es más, ha traído a Tiko, Llorente, Aduriz y Orbaiz, entre otros, para que conocieran todo esto. ¿Sabe qué? Es mucho más grande como persona que como jugador».

En el bar Tory, Carlos Amatriain habla con Merche, que atiende la barra. Dos lugareños trasiegan sus vinos y asienten con las cabezas al oír el diálogo de los jóvenes:

-«A 'Gurpe' no se le ha subido la fama a la cabeza», dice Merche.

-«Hombre, claro que no, sigue siendo el de siempre», le da la razón Carlos.

-«Hace un tiempo, un chaval del pueblo fue a Bilbao a probar con el Athletic y no le dijo nada a Carlos. ¿Éste no se lo podía creer! Al final, fue a verle y a ayudarle en lo que podía», continuó ella.

-«Así es 'Gurpe', siempre atento. A los amigos nos ha llegado a regalar hasta 40 entradas para un partido y ahora nos ha prometido una capea. Pero no son sólo 40 entradas, son 40 detallazos. Tiene un corazón...».
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