Tras la conversión de san Pablo, la de nuestro equipo puede hacer historia. Sólo debemos escoger correctamente la puerta de acceso al laberinto. La que nos lleva a la UEFA, vía Intertoto, se me antoja demasiado exigente. Para abrirla habría que recoger al menos 3 de las 5 llaves que restan y esperar a que encajasen en una clasificación blindada.
La segunda no conduce a Europa, pero nos puede dejar entrever un futuro placentero en el que los viajes por el Viejo Continente estarán asegurados. Dos caminos: el primero, un pasatiempo sin soluciones en el final del periódico; el otro, un reto que nos ilusiona. Preparar un equipo para el final de esta década que nos pueda aportar algún título y no confiar la suerte a una eterna partida de póquer, que hemos tenido que jugar con garbanzos, porque los talonarios los llevan siempre los mismos.
Reconozco que me preocupaba más el conseguir una clasificación holgada que pensar en la Intertoto, pero llegados a este punto parece que sufrimos el suplicio del 'gourmet'. Nos colocan exquisitos bocados: un cocido madrileño, una ensaimada, unas clementinas, un Racing al que deseamos desayunarnos y unos pescaditos fritos para rematar la faena. Por si esto fuese poco, cocinado a fuego lento por un maestro como don Carlos Gurpegui, y un artesano del fútbol como Joseba Exeberria, preparado para subirse al podio de la gloria rojiblanca. Esta vez no habrá pasillo, a pesar de que los merengues se ven campeones. Si hemos podido con los de Copa, por qué no vamos a poder con los de liga.
No nos exaltemos, que somos de boca fácil. Animemos con fuerza, pero, como suelen decir en las películas: cualquier cosa que diga podrá ser usada en su contra ante un tribunal. Si podemos ganar al Madrid hagámoslo, aunque parezca un accidente. Entonces abriríamos de un puntapié la tercera puerta, la de las grandes esperanzas.








