
Por eso el duelo de esta tarde, a pesar de las limitaciones humanas con las que cuenta Abadía, tiene que servir para algo. Lo ideal sería que el Logroñés diera la machada, se impusiera a un bloque que tiene casi asegurada la fase de ascenso a Segunda y espantara los fantasmas ante un sprint liguero que puede ser más llevadero. Sin embargo, los blanquirrojos deben ser realistas, pisar sobre la tierra y ser conscientes de lo que son.
Gracias a ello el Logroñés despertó -se notó la mano de Abadía- cuando parecía abocado a un sufrimiento mayor. Paso a paso, con resultados importantes a domicilio (tres empates y una victoria) y con triunfos vitales en Las Gaunas (Real Sociedad B, Peña Sport, Sestao y Guijuelo) el equipo se ha consolidado un peldaño por encima de los que agonizan. Sin embargo, no han escapado del todo. Y el miedo está ahí.
Falta concretar las ilusiones de una plantilla que ha ido siempre a remolque, que se ha visto obligada a estar más pendiente de los aspectos extradeportivos, pero que ha cumplido con nota porque ha demostrado una profesionalidad enorme. Ahora sólo falta la guinda a un pastel mediocre a comienzo de la liga, pero muy apetitoso a estas alturas del curso.
Buen rendimiento
Y, se quiera o no, el Logroñés ha venido creciéndose cuando peor han ido las cosas. El partido de hoy es una prueba más de las dificultades que existen cuando sólo hay 19 fichas en la primera plantilla, quedan cuatro jornadas para el final y no se puede echar mano del Balsamaiso por reglamentación. Con tres sancionados (Negredo, Eneko y Tomi) y dos lesionados (Cyril y Santamaría), Abadía, por si fuera poco, deberá esperar hasta el último momento para definir su once.
El ataque de ciática que sufrió Galiano el jueves por la mañana le ha mantenido en reposo hasta esta tarde. Aunque la bravura del gaditano es máxima, habrá que saber si los dolores le permiten ser de la partida, un aspecto fundamental para el Logroñés puesto que si finalmente no puede jugar, Abadía deberá inventarse un central de urgencia.
Pero la de Galiano no será la única duda. Omar y Zeki pugnan por una plaza en el costado izquierdo del ataque riojano. Ambos tienen el lastre de la falta de minutos en los últimos encuentros, aunque el jienense puede beneficiarse para ser titular, ya que el riojano puede ser un hombre de refresco. Miguel, con molestias en el pie, al final no completará el banquillo.
En el Huesca, Onésimo lo tiene claro. Rodri (viene de una lesión) y Rico (con gripe a principios de semana) pueden caerse del once. El resto, incluidas las novedades de Larrosa y Sastre -por las sanciones de Eduardo y Sorribas-, son los hombres habituales.





