
Su crédito en el resto de España, sin embargo, va estrechamente ligado a las siglas del PP; ni más ni menos. Rajoy lo sabe y, por eso,visiblemente molesto por el intento de Esperanza Aguirre de presentarse como alternativa a la candidatura oficial en el próximo congreso de junio, le lanzó una advertencia directa a su punto débil: «El partido no lo configuran sólo los 25 de Madrid». Esta mujer liberal hasta rozar el 'tacherismo', aupada, a veces empujada, por dos poderosos medios de opinión como la COPE y 'El Mundo', además del control político que ejerce sobre Telemadrid (que no difiere, por otra parte, de la identificación que otras televisiones autonómicas puedan tener con sus respectivos gobiernos), que empezó de concejal y teniente-alcalde para saltar al Ministerio de Educación y Cultura, a la presidencia del Senado y ahora a la Comunidad de Madrid, tan 'lanzada' que su espontaneidad le ha jugado malas pasadas, ha aprendido a moverse en los hilos de la intriga política.
Los sindicatos del ente público viajaron hasta Estrasburgo para denunciar la manipulación de los informativos que, en su opinión, ejercía la presidencia de la Comunidad. Una denuncia que reflejaba un malestar que ahora, desde que Esperanza Aguirre volvió a ganar las elecciones por mayoría absoluta, nadie ha vuelto a airear. Queda para el archivo de la memoria la entrevista que le hizo Germán Yanke, cuando dirigía el 'Diario de la noche' de Telemadrid, al que le espetó: «Está usted comprando el discurso de nuestros adversarios». Pocas semanas después, el presentador dimitió porque le habían exigido, desde la dirección, que se desprendiera de su íntimo colaborador, Pablo Sebastián, y optó por dimitir con su amigo para crear un periódico digital.
Le sucedió Sánchez Dragó, al que la presidenta le cortó antes de que se emitiera la correspondiente entrevista diciéndole: «Yo no he venido aquí a que me hagas la pelota». Pero la intervención del escritor, nada más conocer los resultados electorales, manifestando «váyase señor Rajoy, usted es el culpable de los próximos cuatro años de zapaterismo», se la atribuyeron a Esperanza Aguirre sin que pudiera hacer nada por convencer a los malpensados de lo contrario.
Sara y Mago
En estos últimos ocho años Esperanza Aguirre ha sabido manejar los resortes del poder sin apenas desgastarse. Hasta ahora. Porque su último episodio nacional protagonizado contra viento y marea para ganar influencia y mayor cota de poder en el partido, le ha chamuscado los dedos.
Desde la leyenda inventada por sus adversarios acerca de su escasa formación cultural cuando Aznar le encargó la dirección del Ministerio de Educación y Cultura (llegaron a adjudicarle una falsa confusión entre el apellido del Nóbel portugués Saramago y una inexistente pintora llamada Sara y apellidada Mago) a la actual imagen de la 'lideresa', su perfil ha dado un giro de 180 grados. Su consolidación responde sobre todo a la ausencia de liderazgo en el PP desde que Aznar se retiró, Rato se apartó y Mayor se quedó en el escaño de europarlamentario.
«Es más poderosa en los medios que en el partido», asegura un 'barón' autonómico, que ha reconocido que su apuesta por salir a escena postulándose como alternativa a Rajoy ha obligado a algunos de los dirigentes populares que podrían identificarse con ella a dar un paso al frente para declarar públicamente que, ante la duda, ellos están alineados con el poder establecido. Desde la vieja guardia se teme tanto el riesgo de otra escisión similar a la que se vivió durante la etapa de Hernández Mancha que un histórico como Federico Trillo, inmediatamente después del 9 de marzo, sin hablar con Esperanza Aguirre, se acercó a Rajoy para decirle que tenía que seguir en su puesto. El mismo dirigente popular, en los pasillos del Congreso, en plena sesión de investidura de Zapatero como presidente, confesaría en un círculo reducido de periodistas, que «estamos viviendo el peor momento desde 1987».
Y no le faltaba razón si se tiene en cuenta que, después de la frustración electoral, las lecturas que se están realizando en el PP sobre las causas de la derrota no son coincidentes. Su presidente sigue creyendo que el atentado de Mondragón quebró su tendencia ganadora, marcada en las encuestas que hablaban de un empate técnico entre el PP y el PSOE, mientras que otros sostienen que creer en esa explicación y no asumir que en España hay todavía mucho voto «anti PP», les conducirá a un error de diagnóstico que no facilitará las cosas para recuperar la pista hacia la próxima victoria electoral.
El polémico discurso
Con este clima, la presidenta de Madrid se presentó en el Foro de 'Abc' con un aura de candidata a su partido, con una manifiesta intención de pujar por recuperar el liderazgo perdido de Rajoy y vistiendo su discurso de oferta ideológica. Como su discurso estaba inspirado en una contundente crítica al comportamiento electoral de su partido, al que acusó de haber caído en todas las trampas tendidas por el PSOE, avisó previamente a Rajoy para que no le sorprendiera el contenido de su intervención. Y allí se lanzó. Pero con paracaídas.
Con la intención de promover un debate ideológico entre los suyos, acertando en la mención de los errores (la elusión de los populares a la hora de debatir ideológicamente con sus adversarios la ley del matrimonio homosexual o la Ley de Memoria Histórica, por ejemplo), pero algo confusa a querer resucitar el liberalismo 'made in Espe'.
Y la presidenta que, en su comunidad ha construido ocho hospitales que se gestionan con empresas privadas, decía que quiere una política económica en la que desaparezcan las subvenciones, un mayor compromiso con los derechos sociales y una nueva política autonómica que, a la hora de concretarla en la comunidad vasca, por ejemplo, consiste, según han reconocido algunos populares que la observan con cierto escepticismo, en «hacer del PP vasco un partido 'majete' que termine ya con la confrontación con los nacionalismos».
Rajoy, presente en la conferencia de 'Abc', la escuchaba imperturbable cuando la 'lideresa' dijo, diez veces, que no se resignaba a aceptar los tópicos que la presentan como una dirigente conservadora, queriendo evitar cualquier alusión de su perfil al de una dirigente carca o de extrema derecha. Tan sólo un movimiento, el de su pierna bailona bajo la mesa, delataba la inquietud del presidente del PP. Muchos de los presentes creyeron, entonces, que el exceso de celo de Esperanza contra Gallardón, de viaje en Pekín, había sido el motor de toda esa puesta en escena.
Pero como Esperanza se había lanzado con paraguas, lo tuvo que abrir en cuanto arreciaron las críticas en su contra dentro del partido. Y, al comprobar, no sólo las dificultades para reunir los 600 avales para su candidatura, sino que los 'barones' no la apoyaban, se centró en aclarar que ella nunca había dicho que se iba a presentar como alternativa a Rajoy, aunque los dos medios que la apoyaban , la COPE y 'El Mundo', hubiesen sembrado la duda. Por mucho que insistiese en que «a día de hoy» no entraba en sus planes competir con el presidente del PP, nadie la creyó y, al día siguiente de su discurso en el Foro de 'Abc', se le dio tanta importancia que fue la reina de las portadas.
Sus colaboradores insistían en que nunca había buscado apoyos y que lo único que hacía era reclamar el debate ideológico pendiente en el PP. Hasta que llegó Fraga, protector de Gallardón por cierto, y la mandó callar. Pero la procesión va por dentro. Cuentan en las filas del PP una escena imaginaria para reflejar la diferencia de caracteres entre Rajoy y Aguirre. «Están los dos en un submarino, de maniobras militares. El comandante les dá un periscopio para que actúen en función de lo que ven. Rajoy mira a través del sistema óptico y divisa una flota de la armada enemiga y dice: 'Vámonos'. Esperanza, ante la misma escena, exclama: 'A por ellos'». No se trata de diferencias ideológicas, desde luego, sino de actitudes. Lo cuentan quienes están reclamando del PP una línea de oposición menos dubitativa de la que ahora, según ellos, está mostrando su partido.
Crisis después de junio
La presidenta de la Comunidad no ha podido salir victoriosa de este asalto. Pero seguirá jugando al mus. Ahora ha visto que no tiene juego, pero la partida continúa. El futuro de Rajoy no depende de lo que ocurra en el próximo congreso de junio sino de los resultados de los próximos comicios electorales. «¿Dejadnos trabajar a los pactistas!», se ha escuchado proclamar esta semana en el entorno de Arriola, el asesor del presidente del PP. Y quienes lo dicen están esperando acontecimientos y, de paso, criticando a Esperanza «por ambiciosa». Pero la ambiciosa espera también. A las próximas elecciones vascas, las gallegas, las europeas.
Mientras tanto, se filtra una información acerca de las intenciones de acercamiento a los nacionalistas como una posible propuesta de la ponencia política que aún está por elaborar. Una tesis de la que no participan dos de los tres ponentes: ni Alicia Sánchez Camacho ni María San Gil. Tendrán que debatir en profundidad en el congreso. Pero todos coinciden en que la crisis no se cerrará en junio. La apuesta de Esperanza Aguirre es a largo plazo. No por casualidad existe una página web en Internet que se llama 'Esperanza2012.com'. Ella no la ha creado pero sus amigos mediáticos, los que la empujan, sí.







