BERLÍN

Después de ganar una serie de juicios, el Gobierno de la capital puso fecha al entierro: el próximo 31 de octubre. Pero Wowereit nunca imaginó que la decisión despertaría una revuelta. Apoyados desde Londres por el arquitecto sir Norman Forster -quien opinó que «sería una verdadera tragedia borrar Tempelhof del mapa de la ciudad»-, un grupo de berlineses logró reunir más de 170.000 firmas con las cuales ha forzado un referéndum no vinculante sobre el asunto. El plebiscito, el primero en la historia de la capital alemana, tiene lugar hoy.
El poderoso periódico 'Bild' ha dedicado todos los días una amplia cobertura sobre la revuelta popular y, de paso, atacar la postura del alcalde. La canciller, Angela Merkel, ya ha hecho saber que, como vecina de la ciudad, participará en la consulta para votar a favor de Tempelhof. Es más: hizo un llamamiento a la población para que votara en el mismo sebtido. «El mantenimiento en servicio de Tempelhof excede de factores económicos y puestos de trabajo. Es un símbolo de la historia de la ciudad», dijo.
Los defensores pegaron carteles con una frase de la Constitución: «Todo el poder emana del pueblo». Sus rivales replicaron con un cartel donde prometen un 'paraíso' enclavado en la gran metrópolis, donde habrá un enorme parque y viviendas modernas.
El legendario edificio comenzó a ser construido en 1935 por órdenes expresas del Führer, que deseaba contar con un aeropuerto tan grandioso como debía ser su famosa Germania, la nueva y gigantesca metrópolis del Tercer Reich. Tempelhof sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y se hizo leyenda a partir del 24 de junio de 1948, cuando las autoridades soviéticas cortaron todos los accesos de Berlín Occidental. El comandante supremo de las fuerzas estadounidenses estacionadas en Alemania, Lucius Clay, estudió la posibilidad de enviar sus tanques a través de las autopistas para destruir las barreras levantadas por el Ejercito Rojo. Sus planes fueron rechazados por Washington, y el general organizó entonces otra operación para garantizar el suministro de alimentos a los berlineses: un puente aéreo.
Durante quince meses, día y noche, los aviones DC-3 Dakotas , bautizados por los berlineses como 'Rosinenbomber' (bombarderos de pasas), depositaron en Tempelhof los alimentos que no podían llegar por tierra a Berlín. En vísperas del 60º aniversario de la epopeya, la Asociación ICAT, que dirige la revuelta popular contra el alcalde, sostiene que el mejor homenaje que la ciudad puede rendir a los héroes es mantener con vida el aeropuerto.







