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Las tres semanas más largas de Vidarte
El director del museo vive su abril más difícil en su intento por esclarecer el desfalco y dar explicaciones públicas
27.04.08 -

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Las tres semanas más largas de Vidarte
SERIO. Vidarte, en su comparecencia parlamentaria. / I. AIZPURU
Juan Ignacio Vidarte (Bilbao, 1956) afronta una amarga primavera tras el descubrimiento del desfalco cometido en el Guggenheim por su ya ex director de Finanzas Roberto Cearsolo y el mal trago de explicarlo en público. Entre uno y otro acontecimiento, Vidarte ha vivido sus tres semanas más largas, en las que ha tenido que dar cuenta de las irregularidades a las instituciones, los partidos y, por extensión, a la sociedad. También se ha esforzado por resolver los interrogantes abiertos, lo que le obliga a exponerse a las críticas como nunca en sus once años de gestión. Íntimamente ligado al 'efecto Guggenheim' que ha situado a Bilbao en el mapa y ha modernizado la imagen País Vasco, el director general del museo se ha volcado este mes en la investigación interna del robo, el despido del «tramposo» y las explicaciones; en definitiva a recomponer el puzzle de un escándalo en el que, a juicio de los partidos de la oposición, «no casan todas las piezas». Todo comenzó el 2 de abril por la noche con una llamada de teléfono del autor confeso del robo, según el relato de los hechos de Vidarte, ampliado en su comparecencia del miércoles, 23 del mismo mes.

2 DE ABRIL, MARTES

Cearsolo se coge la baja

Descolgó el teléfono y, al otro lado, sonó la voz de su director de Administración y Finanzas: «Me llamó para decirme que se cogía la baja y que iba a ser de larga duración. Para mi extrañeza, me comentó que era por depresión». No ha trascendido más sobre el resto de la que, según el director general, ha sido la última vez que ha hablado con Roberto Cearsolo, alejado ahora de la escena pública en su piso de Usansolo. Según Vidarte, Cearsolo «asumía de manera personal el control» contable del museo e, incluso, se ocupaba de recopilar los documentos cuando lo solicitaba el Tribunal Vasco de Cuentas Públicas (TVCP). El órgano fiscalizador llamó a la pinacoteca el día siguiente y Cearsolo ya no estaba, lo que hace pensar a la oposición que sabía que iba a ser descubierto. No es la única casualidad del relato.

4, VIERNES

Inicio de la investigación en un despacho

No tarda mucho la dirección en descubrir las irregularidades. Siempre según la versión oficial, Vidarte encarga al subdirector financiero, Andoni Dobaran, la labor recopiladora. Y para ello entra en la sala de Cearsolo, situada en el edificio azul anexo al museo. Esto ocurre el 3 de abril, el mismo día en que se recibe la notificación del TVCP. Vidarte parece que le acompaña. «Aprovechando que estaba de baja, fuimos al despacho y encontramos documentación». No especificó su naturaleza en la comparecencia parlamentaria, pero debía incluir ya indicios muy valiosos porque, sólo 24 horas después, el Guggenheim abre una investigación interna. El Gobierno vasco y la Diputación de Vizcaya, que son las instituciones que financian las sociedades del museo expoliadas, son informadas. Esta cronología ha sorprendido al PSE, que pregunta a los gestores del museo «por qué no entraron antes en el despacho de Cearsolo».

Son jornadas de actividad febril. El 3 de abril, recién llegada la petición del TVCP para fiscalizar la ruinosa operación de cambio de divisas, Vidarte se multiplica y convoca reuniones con diferentes medios de comunicación por separado para explicar la metodología empleada en la compra de dólares. También da a conocer el dictamen de una auditoría, encargada a una firma privada, que avalaba parcialmente el reflejo contable de las operaciones.

La investigación interna seguía. «Ante la gravedad de los hechos detectados» -sólo cinco días después de la baja-, Vidarte ordena el 8 de abril a Dobaran, su 'segundo' en las Finanzas, que cotejara los movimientos bancarios. Un día después viaja a Estados Unidos.

9, MIÉRCOLES

En Nueva York, «por otros motivos»

El director general del Guggenheim Bilbao alega que viajó a Nueva York «por motivos profesionales», que no tienen que ver con el desfalco, pero reconoce que aprovecha su estancia en Estados Unidos para avisar a los responsables de la Fundación estadounidense de las irregularidades. Esta es la otra casualidad. En Euskadi, se desconoce un escándalo que Cearsolo empieza a confesar por escrito y que cifra en 486.979 euros. Fechada el 9 de abril, la carta llega dos días después, a las 9.30 horas, al Guggenheim de la mano de su abogado Javier Beramendi. Vidarte regresa el 13 de abril para preparar el despido.

15, MARTES

Despido, denuncia y explicaciones

Los acontecimientos se precipitan. El 15 de abril Cearsolo recibe la carta de despido del Guggenheim, su lugar de trabajo desde 1992 -en plantilla desde 1997-. La cita se produjo en el despacho de abogados que trabaja con el museo, en una reunión a la que también asistió la directora de Recursos Humanos, Garbiñe Urrutikoetxea. Cearsolo dice que se arrepiente. Un día después, se presenta en el Juzgado de Instrucción la denuncia de los hechos, que tramita el número 1 de Bilbao. Llega el momento. Vidarte comparece a mediodía con su equipo para anunciar el desfalco, cometido por un cargo de la máxima confianza. Poco antes informa a la plantilla y a algunos patronos de la Fundación.

23, MIÉRCOLES

La comparecencia en el Parlamento

El robo continuado de fondos de las sociedades instrumentales, perpetrado mediante transacciones bancarias fraudulentas y cheques falsos entre 1998 y 2005, desata una tormenta política. Los partidos atribuyen el desfalco a la falta de controles en el Guggenheim sobre el uso de fondos públicos y reiteran la necesidad de una mayor transparencia. Vidarte capea el temporal. En una entrevista con este periódico, asegura que los responsables del Guggenheim en Nueva York le han manifestado su apoyo frente a «un hecho desafortunado»: «Me siento respaldado y mi deber es aguantar».

Repitió este mensaje en la comparecencia del miércoles pasado en el Parlamento vasco, en la que participó también la consejera de Cultura, Miren Azkarate. Fue una jornada larga y de contrastes. Por la mañana clausuró el congreso sobre Diego de Gardoqui -bilbaíno y primer embajador de España en Estados Unidos-, donde coincidió el diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao. Luego, acompañó a los Príncipes en la exposición 'Cosas del surrealismo', junto al lehendakari Ibarretxe. Por la tarde, más nombres y siglas. Con aplomo, respondió en el Parlamento a los partidos, aunque no despejó todas sus dudas. Afectado por el escándalo y algo perplejo por su repercusión pública, a buen seguro que el nombre que más veces le vino a la cabeza ese día tan intenso fue el de Roberto Cearsolo.
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