Y es que, a pesar de llevar un año y medio instalada allí, a esta bilbaína aún le sorprenden algunas costumbres del país. «Se me hace raro que todo esté tan vigilado. Tampoco me termino de acostumbrar a tener que evitar ciertas zonas y no poder ir sola a cualquier lado», confiesa.
Sin embargo, no todo van a ser pegas. Begoña se muestra encantada de haber conocido una cultura y una sociedad muy distintas a las suyas. En definitiva, una forma diferente de ver la vida. «Es muy enriquecedor. Los valores y los intereses son diametralmente opuestos, pero aprendes un montón», concluye satisfecha.




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