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BEGOÑA BORGE, COORDINADORA DE UNA ONG EN EL SALVADOR
«Me costaría mucho volver a adaptarme al País Vasco»
Esta joven bilbaína, afincada en El Salvador, confiesa que echa en falta degustar «un buen cocido»
27.04.08 -

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Desde muy pequeña Begoña Borge sospechaba que su vida estaría irremediablemente ligada a la cooperación. Siempre le atrajo. Y su intuición no le falló. A medida que crecía, su interés por conocer otros mundos aumentaba. Así que en cuanto pudo, dio el salto fuera de nuestras fronteras. En poco más de un lustro, esta bilbaína ha pasado por China, Ecuador y Nicaragua hasta recalar en El Salvador, donde está asentada desde hace más de un año. Y le va muy bien.

Su historia arranca cuando consiguió una beca del Gobierno vasco en el extranjero, relacionada con el mundo de la cooperación. El destino: China. «Fue una experiencia irrepetible», asegura. Se lo pasó tan bien que decidió que su periplo por el extranjero se iba a alargar. «Cada día era una aventura. ¿Hasta aprendí a hablar chino!», exclama.

Cuando concluyó la beca, Begoña se empeñó en conseguir un empleo que le permitiera tener una relación más directa con la gente. Y lo consiguió. Se marchó a América Latina para colaborar con una ONG, que le unió un año y medio a Ecuador y dos más a Nicaragua. Después, le surgió la posibilidad de trasladarse a El Salvador. Y hasta ahora. «Estoy en la ONG 'Educación sin fronteras' y soy la coordinadora del proyecto en este país. ¿Que quede claro que no nos tocamos las narices, como mucha gente piensa! Trabajamos para mejorar el acceso a la educación y formación ocupacional. Les enseñamos a enfrentarse a la vida», explica. Está encantada.

«Menos ataduras»

Si algo ha aprendido esta bilbaína durante su estancia en el extranjero es a invertir su escala de valores. O, mejor dicho, a establecer prioridades. «Aquí la gente tiene menos ataduras y una vez que te amoldas es difícil renunciar a esto. Además, me asombra la lucha diaria que mantienen los salvadoreños por salir de la pobreza», revela. Y les admira. «Es digna de elogiar la alegría que conservan a pesar de sus circunstancias». Tan diferente es la vida allí que, cada vez que regresa al País Vasco, el cambio es radical. «Me costaría mucho volver a adaptarme a Euskadi. De hecho, es curioso, pero cuando voy para allá no me hallo».

Begoña lo tiene muy claro: hay cosas que siempre se extrañan. Ella echa en falta, por ejemplo, poder degustar un «buen cocido». Y es que los manjares de la tierra se añoran. «En El Salvador comen sobre todo arroz y frijoles», destaca. Así que aprovecha para deleitarse con este sabroso plato siempre que vuelve a casa. «Como sólo regreso una vez al año, ama me pone lo que le pido. ¿Me tiene a capricho!», resuelve.

Aunque está «muy contenta» en El Salvador, entre sus planes está cambiar de residencia dentro de poco tiempo. «Aún no tengo muy claro a dónde iré, pero llevo cinco años en América Latina y me encantaría cambiar de continente», revela. Así que el regreso al País Vasco queda descartado. Por el momento.
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