
Corría el año 72 cuando María del Carmen arrancó su primer autobús, «un microbus que cubría la zona del Casco Viejo», recuerda. La empresa, ahora TCSA, le planteó a ella y a otras cinco mujeres la posibilidad de convertirse en conductoras. «Éramos cobradoras, las que iban en la parte de atrás de los autobuses y se encargaban del abono de los billetes, porque entonces no le pagabas al chófer. Todas aceptamos», evoca esta bilbaína. El grupo de las seis valientes duró, sin embargo, un par de años. «Las demás se fueron a otras empresas o se casaron y lo dejaron hasta que, al final, me quedé yo sola», explica. María del Carmen permaneció durante 24 años como única conductora de Bilbobus. «Si pasaba algo, mis compañeros sabían que era yo», bromea.
La experiencia de esta veterana nada tiene que ver con lo que vivieron Montse y Estíbaliz a su llegada a la empresa. María del Carmen vivió una época de uniformes con «gorrita», de coches de embragues duros en los que era el conductor el que tenía que abrir y cerrar las puertas manualmente y, en definitiva, un momento de transformación que propició que las instalaciones se amoldaran a las necesidades de las mujeres. «Nosotras les allanamos el camino», señala María del Carmen. «Yo luché mucho y conseguí que me pusieran el primer baño para mujeres en Elorrieta», recuerda. Sin olvidar los pasos que se dieron a favor de un cambio de mentalidad en los ciudadanos. «Cuando la gente me veía al volante, se extrañaba. Había mujeres que te soltaban que les habías quitado el trabajo a sus maridos y alguno incluso te decía que si te había regalado el carné la alcaldesa, por entonces, Pilar de Lequerica», rememora.
«Como un tanque»
Las cosas han cambiado mucho desde entonces, algo que para el comité de empresa es motivo de satisfacción. Montse Rodríguez empezó como conductora hace algo más de cinco años. «Estuve primero en líneas escolares y en servicios que iban a Vitoria. Al principio es como llevar un tanque», explica. La gran mayoría de las conductoras tienen un currículo similar. Ahora trabaja en Bilbobus, pero sin línea fija. «Al principio algunos conductores mayores te soltaban alguna, pero ahora ya no es así porque ven que trabajas igual que los demás», comenta. «Cuando te pasa es mejor mirar para otro lado y hacer como que no has escuchado nada», recomienda su compañera Estíbaliz Torres.
Lo más duro para Montse, de 31 años, fue acostumbrarse a los recorridos. «No conoces los barrios ni las calles», apunta. Pero todo acaba pasando a un segundo plano. Montse está de baja por maternidad y, durante la conversación, no pierde de vista en ningún momento a Irati, su pequeña de tres meses, que se mantiene expectante con los ojos abiertos y sin hacer ruido.
-Quizás de mayor siga sus pasos y se haga conductora de autobús.
-No me importaría, no es mal trabajo.
Estíbaliz Torres sabe a sus 25 años muy bien lo que es continuar la saga familiar. Su padre, su hermano y sus tíos son chóferes. «Estuve trabajando en otras cosas, pero siempre me ha gustado conducir», reconoce. Lo lleva en la sangre. Esta bilbaína es una de las conductoras más jóvenes que entraron en TCSA. Con sólo 23 años llevó las riendas de su primer autobús y si una cosa tiene clara es que «cuanto más grande sea el coche, mejor». La puesta en marcha de servicios nocturnos de Bilbobus dejó sobre la mesa una incógnita: ¿es un buen destino para las mujeres? Estíbaliz ha trabajado en distintas líneas de 'gautxoris' y asegura que «no hay ningún problema, incluso pueden llegar a ser más tranquilas». La prueba es que, según revelan ella y Montse, «cada vez hay más mujeres que trabajan también de noche».









