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Un pájaro de cuenta
Hace un siglo, la crónica de sucesos estaba plagada de robos, agresiones, violencia de género, accidentes laborales, timos y demás hechos truculentos. Más o menos como ocurre hoy en día
27.04.08 -

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Un pájaro de cuenta
DESGRACIA. Cuadro de Aurelio Arteta titulado 'Un accidente de trabajo'. / EL CORREO
Tramposos, pícaros, degenerados, violentos y mal nacidos de todo tipo y condición, los ha habido siempre. Nada hay nuevo bajo el sol y muchos de los sucesos desagradables con los que nos topamos hoy día tienen su correspondencia, más descarada y hasta descarnada si cabe, en el pasado. Las noticias de reyertas, venganzas, robos, timos, agresiones, accidentes laborales y domésticos eran una constante en la prensa bilbaína de hace cien años. No había día sin que desde las páginas de los periódicos se reflejara todo un mundo dramático, lleno de sobresaltos y síntoma inequívoco de una sociedad con profundas carencias y hondas diferencias en su seno.

Las columnas de sucesos recogían de todo. «El sereno de servicio en los Santos Juanes, señor Aparicio -se publicó en 'El Noticiero Bilbaíno' a principios de abril de 1908- sorprendió en la madrugada de ayer durmiendo dentro de un vapor en el muelle de Ibeni, á un sujeto de 23 años natural de Coruña y mendigo de profesión, según dijo; pero ratero de oficio según antecedentes». Al individuo en cuestión, que manifestó estar indocumentado y no tener domicilio en Bilbao, se le ocuparon 46 pesetas en plata y calderilla. Pese a su testimonio, la Policía estaba casi segura de que el citado «pájaro de cuenta» pertenecía a una cuadrilla de ladrones que había «caído» por Bilbao.

Señor americano

En otros casos el ladrón desaparecía sin dejar rastro alguno después de haberse llevado lo que buenamente podía porque, al final, se robaba de todo. Eso fue lo que le ocurrió a un vecino de Solokoetxe que denunció el robo de un paraguas automático y una falda de señora. Lo cierto es que dentro del grupo de damnificados los había bastante ingenuos, a juzgar por las extrañas denuncias practicadas. Fue el caso de un bilbaíno que acudió a la autoridad para poner en conocimiento el hecho de que una mujer, que no era sirvienta ni esposa, «había aprovechado la ocasión de hallarse él ausente y se llevó del domicilio del denunciante varias ropas, cacharros y otros efectos».

Entre tanto tramposo y ladrón, también los había que se las ingeniaban para montar el numerito con el que desplumar al infeliz que se pusiera por delante. De gente de esa calaña pudo dar fe una cocinera que, según testificó, fue víctima de un engaño monumental. La curiosa odisea de la pobre infeliz, conocida en abril de 1908, comenzó meses antes en San Sebastián cuando una tal A.R. le ofreció un puesto de cocinera en la casa de un «señor americano». Encantada de la vida, la buena mujer se puso al servicio del citado, el cual no tardó mucho en convencerla de que le prestase todos sus ahorros para afrontar un negocio de éxito. Dicha empresa, que nunca existió, condujo a la cocinera tras el 'señor americano' hasta un supuesto palacio en América a donde la desgraciada se marchó convencida de que su vida iba a cambiar de golpe.

Y claro que cambió. En América no había ni palacio, ni 'señor americano', ni nada. Por fortuna y porque también entonces había gente buena, la cocinera engañada pudo retornar a Bilbao, sin una peseta, donde puso la denuncia correspondiente. Así se pudo saber que el tal 'señor americano' era un pájaro de cuenta de Mondragón al que la Policía seguía los pasos desde hacía tiempo y al que, todo indicaba, no iban a tardar en «cazar».

No faltaban sucesos relacionados con lo que hoy denominamos violencia de género. A juzgar por la frecuencia con que se producían en una época en la que las mujeres no gozaban prácticamente de derechos y su consideración social era totalmente deficiente, no es difícil suponer que lo publicado era una parte mínima de la dramática realidad. El tono de las noticias no difiere mucho de las actuales. «El individuo de 23 años Victoriano Sánchez, salió ayer tarde a las 3 de paseo por los Caños con su novia J.B., cuando el novio sacando un cuchillo, tiró varios golpes á dicha joven, sin que se sepa por qué. La muchacha comenzó a pedir auxilio corriendo asustada y perseguida del Victoriano, interponiéndose un señor llamado don José Herrán, que evitó el triste suceso».

Alarma entre los vecinos

Con peores consecuencias terminó la agresión a una mujer en Begoña, golpeada por su vecino que también la amenazó de muerte si denunciaba los hechos. En otras situaciones, pese a tener constancia de la agresión, el hecho se ocultaba con extrañas explicaciones. Fue el caso de un suceso misterioso ocurrido la tarde el 28 de abril de 1908. Alrededor de las tres, unos agentes de seguridad oyeron «grandes voces de auxilio que partían del tercer piso de la casa número 13 de la calle Espartero y que causaban gran alarma entre los vecinos. Los guardias citados subieron al piso de referencia y vieron herida de arma blanca en el muslo derecho y muñeca del mismo lado á la joven sirviente de la casa, B.M.R., de 20 años, la cual fue conducida a la Casa de Socorro».

Una vez allí, la agredida manifestó que las lesiones se las produjo el hermano de la señora, que se había puesto muy nervioso ya que había entrado a la cocina con ánimo de cocinar y ella no le había dejado. La explicación no convenció a nadie. Como se apuntó en 'El Noticiero Bilbaíno', sobre el suceso «circulan otras versiones que no queremos recoger».

Otro tipo de hechos eran los que hacían referencia a los accidentes laborales. Numerosos y sangrientos, de ellos se daba en poco espacio detalles de todo tipo hasta convertirlos en una descripción truculenta -cabezas abiertas, piernas rotas, conmociones, etc.-, síntoma de que los obreros no contaban con las más mínimas medidas de protección y de que trabajar era entonces sinónimo de jugarse la vida.

Tampoco era raro encontrar noticias relacionadas con accidentes infantiles. Caídas desde sillas, desde ventanas o dolorosas quemaduras provocadas por derramarse agua hirviendo. Hasta los juegos podían acabar mal. «Ayer fueron curados en el Hospital de heridas causadas con piedras: Manuel Bello, de 5 años, herido en la mano izquierda; Gabriel Beraustegui, de 8, herido en el párpado inferior del ojo izquierdo, y Anastasio Uriarte, de 13, herido de un ladrillazo en el parietal izquierdo».
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