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LA RIOJA
Sudor por sangre
782 personas completaron la XXXI Valvanerada, llegando a pie hasta el monasterio de la patrona riojana
28.04.08 -

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Sudor por sangre
El bocadillo de chorizo también es un buen remedio.
Aunque literalmente el título no hace honor a la verdad, en sentido figurado sí. Un año más, varios cientos de personas volvieron a entregar su sudor -y algo más- para llamar la atención sobre la necesidad de ser generosos haciendo donaciones de sangre que, más tarde o más temprano, pueden salvar muchas vidas.

El caso es que un total de 782 personas completaron el recorrido de unos 62 kilómetros, que conduce desde Logroño hasta el Monasterio de Valvanera, donde se venera a la patrona de La Rioja. Según la organización, la Asociación de Donantes de Sangre (Adonar), se habían inscrito en torno a las 1.400 personas, aunque de todos es sabido que «hay algunos que formalizan su inscripción y luego no llegan ni a tomar la salida», explicaba el presidente de la asociación, Julio Rodrigo.

Sea como fuere, el personal partió a las ocho de la tarde del sábado desde la plaza del Ayuntamiento logroñés. Y, paso a paso, fueron pasando por los distintos puntos de control, el último de los cuales estaba situado en Anguiano, en cuyo término municipal se ubica el cenobio regentado por los monjes benedictinos. En dicho punto, la marcha se detenía para los más veloces, hasta que en torno a las 4 horas y 20 minutos de la madrugada se volvía a poner en movimiento.

Al contrario que ocurriera el año pasado, la noche fue benévola con los marchosos y la temperatura fue, a juicio de la mayoría, mas que agradable. A las 5 horas, 31 minutos y 50 segundos hacía su aparición en la zona de control de llegada el primer caminante, o mejor dicho, el primer corredor. Luego, durante otras cinco horas y media fueron haciendo lo propio el resto de voluntariosos colaboradores de la asociación. Los últimos, animados por dos controladoras que salieron a su encuentro, llegaron cantando.

Sin incidentes

Por lo demás, apenas se registraron más incidencias que las propias de una caminata de esta envergadura. Llegadas al límite de las fuerzas, ampollas, rozaduras y, sobre todo, una inmensa satisfacción -reflejada en sus rostros- por haber alcanzado el final.
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