
«Quiero agradecer este gesto, que demuestra claramente que Alemania y Francia se necesitan mutuamente y que están unidas por una intensa amistad», dijo Merkel al dar la bienvenida a su ilustre huésped. «Mi presencia en Berlín no es sólo un gesto simbólico. He querido expresar mi deseo para que comencemos de inmediato a trabajar para sacar a la Unión Europea de la parálisis actual», replicó el máximo dirigente francés.
Once meses después la atmósfera que se respira en la capital germana es muy diferente a la que había cuando Sarkozy saludó con sendos besos en la mejilla a su «querida Angela». «Su relación con Alemania, en general, y con Merkel, en particular se puede definir como difícil», recogía el periódico 'Süddeusche Zeitung', al pasar revista a la relación que existe ahora entre París y Berlín y entre ambos mandatarios. El influyente semanario 'Der Spiegel' prefirió, en cambio, calificar como «provocaciones parisinas» una serie de actos impulsados por Sarkozy en los últimos meses y que han hecho, según la revista, «crujir» las relaciones franco-germanas.
El éxito del eje París-Berlín, considerado el «motor» del gran proyecto europeo, siempre dependió de las relaciones personales entre los presidentes y cancilleres de turno. Pero, desde que Sarkozy llegó al Elíseo, el dinámico presidente galo rompió el esquema de consultas que marcó el entendimiento entre los dos estados en el pasado, y puso en marcha una serie de iniciativas que, primero, desconcertaron a los alemanes y que terminaron por provocar la irritación en Berlín.
Acumular tensiones
En los últimos once meses, el impulsivo presidente francés tuvo la rara habilidad de acumular tensiones con la canciller Merkel, que no ha ocultado su malestar por la indisciplina presupuestaria de París, las criticas del mandatario galo dirigidas al Banco Central Europeo y su deseo de imponer un control político sobre el euro, además de hacer suyo el éxito de liberar a las enfermeras búlgaras en Libia.
La gota que rebasó el vaso fue el proyecto de impulsar una Unión Mediterránea, una idea que hizo creer a la canciller que su 'amigo' Sarkozy estaría intentando dividir a la UE para diversificar sus recursos en un nuevo club que agruparía a países del norte de África y los países mediterráneos comunitarios. Después de largas discusiones, el inquilino del Elíseo aceptó que la iniciativa francesa vea la luz dentro de las actuales estructuras de la UE y no al margen. Pero Sarkozy volvió a sorprender a sus aliados alemanes al ofrecer «alianzas estratégicas» con Francia a los países del Este europeo que son miembros de la Unión y un acuerdo de asociación a Ucrania.
«Entre ambos líderes existe una clara diferencia de estilo», admite un diplomático europeo. «Sarkozy prefiere actuar antes de consultar, mientras que Merkel, antes de tomar una decisión, analiza los argumentos e informa a sus aliados», añadió. «Uno tiene la impresión de que Sarkozy quiere ser la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro», dijo por su parte, un experimentado periodista alemán, con buenas relaciones en la cancillería y en el Ministerio de Exteriores.
Pero ahora, cuando faltan menos de tres meses para que Francia acceda a la presidencia de la UE, la irritación alemana se está convirtiendo en una rara mezcla de ansiedad y temor a causa de un discurso reciente pronunciado por el mandatario galo en la Cámara de los Comunes británica. En Londres, Sarkozy calificó el histórico eje franco-germano como «indispensable» pero no «suficiente» y apostó por una alianza privilegiada con Reino Unido para impulsar nuevos proyectos en el terreno de la energía nuclear y en el militar, dos campos en los cuales no puede avanzar con Berlín.
El proyecto que más preocupa al Gobierno germano es el deseo de Sarkozy de reorganizar la estructura militar de la UE y formar, junto con España, Polonia, Italia, Reino Unido y Alemania, un nuevo núcleo de defensa europeo. Según informaciones que han sido filtradas a la prensa, cada país debería aportar 10.000 soldados y aumentar hasta un 2% del PIB sus respectivos presupuestos de defensa.
Alemania destina actualmente sólo el 1,2% del PIB a este apartado y nadie en Berlín se atreve a creer que el Parlamento quiera aumentar el actual presupuesto de 29.000 millones de euros hasta los 50.0000. «Existe el temor de que Sarkozy no consultará con Berlín antes de tomar iniciativas», admitió un diplomático.
Liderazgo europeo
El recelo de los germanos parece ser compartido por otros países europeos, según revelo una encuesta del instituto demoscópico Harris Interactive, que intentó descubrir en Alemania, Reino Unido, Francia, España e Italia qué país y qué político ocupan el liderazgo en Europa. La mayoría de los alemanes interrogados -57%- votaron, como era lógico por su propio país. El mismo resultado arrojó España, pero un extraordinario 68% de los franceses eligió a Alemania. Los italianos y británicos dividieron sus simpatías entre el Estado germano y Reino Unido.
Hace 48 años, el ex secretario de Estado de EE UU Henry Kissinger se preguntó: «¿A quién debo llamar si deseo hablar con Europa?». Según el resultado de la mencionada encuesta, especialmente los franceses creen que la llamada telefónica en cuestión debería ser atendida por la canciller Merkel y, en un lejano segundo lugar, por el presidente francés, Nicolas Sarkozy.







