
Gonzalo Centeno es el director gerente del complejo municipal de Barakaldo. De modo indirecto, el equipo de gobierno local ha culpado de las pérdidas a su labor, que ha tachado de «no excesivamente buena». Él, no obstante, siempre ha quitado hierro al asunto. Remarca que la cultura «es deficitaria» y que ingresar por taquilla una gran parte de los gastos entra dentro de los «parámetros habituales» de una sala. «Toda esta situación está dañando la imagen del teatro», se lamenta.
El director del Social Antzokia de Basauri, Gerardo Ayo, ha recogido el testigo de Centeno al frente de la Red Española de Teatros. Ha visto cómo se ha asentado el sector en el territorio histórico a través de sus 19 salas y espera que los ayuntamientos apoyen como hasta ahora las artes escénicas. Él mismo se muestra «agradecido» al Consistorio, del que forma parte de manera indirecta en condición de dirigente de la Fundación Casa de Cultura. «Lo que se ingresa habitualmente por taquilla es una mínima parte de lo que cuesta cada espectáculo», admite. El resto de los gastos de contratación y montaje corren a cargo de la institución local.
Cada municipio tiene su forma de gestionar la materia, pero los casos son similares. En Durango, el centro cultural San Agustín suele acoger las obras. Todas están financiadas con dinero público. «Sin el Ayuntamiento, sería imposible subsistir», confiesa la directora del recinto, Arantza Arrazola. Todo servicio municipal tiene su coste. Parece ley de vida.




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