Cada vez sabemos de más gente que se plantea cambiar el bullicio de Bilbao o Barakaldo por la tranquilidad de pueblos como Balmaseda, Güeñes o Zalla, lugares que a su manera hacen esquina con la Arcadia. Para recibirlos, se están construyendo en esas localidades cuatro mil nuevas viviendas y varios polígonos industriales.
Uno de esos polígonos es el de Longar, en Zalla: una superficie de 94.000 metros cuadrados que se extenderá junto al área recreativa y el conjunto monumental de Bolunburu. Más de uno teme que el gigantesco polígono termine estropeando una preciosa zona verde bañada por el Cadagua, en la que podemos encontrar casas torres y ermitas medievales, caseríos centenarios o los restos de una antigua ferrería.
Agustín Laiseka tiene 85 años y una pasión: la casa torre del siglo XV que está junto a la ermita de Santa Ana, en Bolunburu. Fue la casa de sus padres y ahora es la suya. Gracias a su esfuerzo, el edificio se conserva impecable y nos basta con poner una mano sobre sus muros para sentir el temblor de los años de las cartas puebla y las guerras de banderizos.
Además del minucioso guardián de su casa torre, Agustín es un buen conocedor de la historia de la zona. Muchas veces ha visto cómo la apresurada modernidad maltrataba la herencia que le había sido entregada. El modo en que el nuevo polígono de Longar pueda convivir con las campas de Bolunburu simboliza el reto al que se enfrentan hoy Las Encartaciones: armonizar el crecimiento con la conservación del patrimonio natural y arquitectónico. La prosperidad de la comarca necesita, sin duda, de un empuje industrial, pero éste debe ser planteado con inteligencia, salvaguardando el carácter de una de las zonas con más solera de Vizcaya.




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