
Hasta aquí, el protocolo se siguió con rigurosa solemnidad en el ceremonial que acompaña cada año la festividad de San Prudencio. Pero, ayer, a diferencia de años anteriores, hubo sorpresa. Y la dio, nada menos que el diputado general de Álava, el jeltzale Xabier Agirre, a la salida de la misa que un año más volvió a oficiar el obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi.
Vestido de traje oscuro y corbata, como manda también el protocolo, el presidente de la Diputación se atrevió con el aurresku de honor, que bailó ante la comitiva de autoridades encabezada por el lehendakari, Juan José Ibarretxe; el delegado del Gobierno central, Paulino Luesma; el presidente de las Juntas Generales de Álava, Juan Antonio Zárate; y el alcalde de Vitoria, Patxi Lazcoz.
Finalizado el baile, que bordó, Xabier Agirre recibió un caluroso abrazo del lehendakari y el apluso generalizado de todas las autoridades. Tan sólo los trabajadores de la residencia Ariznabarra, en huelga desde hace más de dos meses, abuchearon al diputado general y a la titular de Asuntos Sociales, Covadonga Solaguren.





