
Otros, como la pequeña Laura Guinea, preferían hacerlo saltando. Concretamente, sobre los hombros de su padre, Javier, al ritmo de la Retreta, que una pequeña avanzadilla interpretaba ya en la escalinata del palacio foral. «Mira mira, el cocinero parece enfadado, le da con mucha fuerza al palito», gritaba a voz en cuello con la experiencia de sus siete años.
Pocos la oyeron porque las cabezas se giraban una y otra vez buscando a los auténticos protagonistas de la velada musical. Los más de trescientos cocineros, soldados y barrileros que desfilaban desde la torre de doña Ochanda al son de trompetas, tambores y barriles para animar al público con los redobles de la Tamborrada. Todo un despliegue de sonido, incrementado con la presencia de dos sociedades gastronómicas más, Gazte Bizkor y Haritza Gasteiz, que sumaron las 28 presentes.
Sin nervios
Atrás quedaban los nervios de los principiantes, como Beatriz Anaya, de Bustinzuri, que «con la fuerza que da una buena cena», se mostraba dispuesta a «aguantar hasta el final». Y, para ello, hasta el tiempo cooperó. La amenaza de lluvia se quedó en un espejismo ante una medianoche templada que invitaba a dejarse llevar por los sonoros acordes. «Hemos ganado a todos los designios de lluvia», se jactaba Julio Zárate, de Azkenean. Como todo buen juerguista, amenizaba con bromas lo que prometía ser el inicio de una larga velada.
Tardones
Aunque no se sabe si por una larga sobremesa o por la ausencia, y van tres, del 'Dragón'-ya saben, el famoso cañón encargado de anunciar la Tamborrada-, los cocineros llegaron tarde. El estruendo de las famosas melodías no empezaron a retumbar en la plaza hasta diez minutos después de la hora bruja, mientras las majorettes agitaban sus estandartes.
«Donde esté Donosti...», señaló Joseba Ugarte, adelatando su procedencia, ante el mal gesto de Izaskun Ruiz, llegada el viernes desde Málaga. «Hacía años que no la veía, pero me encanta», alabó. Poco antes de la una, los propios cocineros rompieron la formación para corear a su director, un emocionado José María Bastida, 'Txapi', y emprender la marcha hacia el centro de la ciudad para incitar a los vitorianos a celebrar su patrón.





