
LAS RAMPAS
Numerosos peatones contemplaban ayer con indignación el resultado de otra noche de furia. Uno de los cristales rectangulares situados bajo el pasamanos de las rampas en el cantón de La Soledad estaba reventado. «Le han tenido que dar con algo grande como un bate de béisbol, porque ha estallado entero, es increíble», decía sorprendido José Carlos Bravo, un turista recién llegado de Barcelona. «¿Ves? Esta es la imagen que damos fuera. Y yo tengo que subir andando», añadía resignada Cristina Valle, una vecina del Casco Viejo de 71 años.
En la otra ladera, en los andenes del cantón de San Francisco Javier, uno de los tramos presentaba otros tres paneles rotos, en esta ocasión de la estructura que recubre los tapices. Los vándalos no habían conseguido hacerlos saltar por los aires, pero dos de ellos presentaban enormes grietas que daban cuenta de potentes impactos. Otro de los cristales situados bajo un pasamanos también fue destrozado recientemente y ha sido sustituido por una plancha de madera. «Total, para lo que va a durar... mejor que pongan eso, aunque quede feo», comentaba Luisa Núñez, que tenía muy claro que «todo esto es por la noche de ayer, víspera de San Prudencio. Estaba claro que la iban a liar, no falla nunca».
Pero los vándalos no sólo golpean los laterales de las cintas. También estrellan vasos y botellas contra los andenes, lo que provoca que los cristales se introduzcan en el mecanismo interno «y frenen el tapiz», según explican los operarios de la empresa que los repara, Thyssen Krupp.
«¿Y las cámaras?»
Los viandantes se encontraron parados ayer tres de los cuatro tramos de las rampas de La Soledad y otro de los tres ubicados en San Francisco Javier. Es decir, que cuatro de los siete andenes del Casco Viejo amanecieron bloqueados. «Esto es una vergüenza, las rampas están llenas de vasos rotos y de botellas de plástico. ¿No tenía la Policía Municipal cámaras de vigilancia? Está claro que no sirven para nada», se lamentaba ayer David Montero, que subía la pendiente mientras empujaba el carrito de su hija Irati, de seis meses.
El Ayuntamiento de Vitoria invirtió 6 millones de euros en instalar las rampas mecánicas, que no han conocido la tregua desde su inauguración. El ataque más salvaje registrado hasta el momento sucedió en octubre, cuando varios desconocidos rompieron 30 cristales en el cantón de San Francisco
i.cueto@diario-elcorreo.com





