Las Isabeles de España no tienen nada que envidiar a las de Inglaterra. Hemos tenido y tenemos Isabeles de aúpa desde Isabel la Católica hasta hoy. Aquí gozamos en la rabiosa actualidad de la omnipresencia de Isabel Pantoja, la racial, y la Isabel opuesta, que sería la multicultural, pues vino de Filipinas a vivir en un Chagall a Madrid. Son las dos caras de una misma moneda, pero la cruz no la ilustra la señora de Boyer. Esa piel de mujer de porcelana delicadamente super retocada pero con extremo disimulo de misterio chino, se la presenta a bombo y platillo como el modelo envidiable de mujer para la general mujer media española. Es la abuela, la madre y la esposa más bella. Usa la misma talla y luce talle como el de sus hijas mozuelas.
Esa mujer es admirada, pues tiene suerte en verdad si se la compara con la folclórica andaluza, desgraciadita que es pudiendo tenerlo 'too', o con cualquier maruja o dama de alcurnia. La mayoría de las españolas andan bregando con sus imposibles chicos que no se van de casa. Los Iglesias hijos en cambio se independizaron muy pronto, se lo montan muy bien por su cuenta y además cuentan de su madre maravillas. Ahora Isabel, con su currículo de ex en letras de oro, se retrata con ocasión de 20 años de amor junto a quien fue el ministro que se las tuvo nada menos que con Superman. Cuántas quisieran posar igual de satisfechas después de dos décadas.






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