
Arroita admite que no hay fórmulas infalibles para frenar los actos vandálicos, pero sí estrategias que pueden despejar todas las dudas acerca del liderazgo del Ayuntamiento al abordar este desafío. De entrada, el Consistorio debe ser «muy rápido» a la hora de reparar los desperfectos de estas acciones. Y, en segundo lugar, es preciso «tener lista una reacción policial efectiva e inmediata» para que los aficionados a reventar las lunas de los andenes rodantes se lo piensen dos veces. «No se trata sólo de disuadirles, sino también de coordinarnos mejor y de aumentar la seguridad de una forma real y visible».
Más seguridad
Y para lograr este objetivo existe un elemento «clave», dice Arroita con contundencia. Se refiere a la comisaría de la Policía Local que el alcalde, Patxi Lazcoz, pretende abrir en el edificio ahora ocupado por el Deprtamento municipal de Empleo, en la calle Fray Zacarías.
En este caso, agrega, «la proximidad supone seguridad. Sólo hay que pensar un poco. Si tú quieres destrozar los cristales de las rampas y sabes que te están grabando varias cámaras y que, encima, tienes una comisaría a 400 metros, es posible que te lo pienses», reflexiona. El gerente de la Agencia de Renovación Urbana confía, por tanto, en que este equipamiento consiga romper el círculo vicioso «y kafkiano» que se ha formado en los últimos meses. «Es absurdo arreglar algo y saber que el próximo fin de semana algún gamberro lo va a romper. Hay que ir más allá».
El abogado cree que las rampas son el objetivo de una espiral de violencia «insoportable que, además, nunca puede ser considerada por los vitorianos como algo normal. Los vecinos del Casco Viejo siempre piden más seguridad. Ahora hay que dársela».





