Así las cosas, el Athletic vuelve a enfrentarse a un problema propio de los tiempos de bonanza: la revalorización de su plantilla. Ya ha sucedido otras veces; en realidad, siempre que el equipo ha hecho algo bueno. La última fue hace tres temporadas, con Valverde. Y nadie habrá olvidado las consecuencias nefastas que acabó teniendo el auge de aquel Athletic. El proyecto de 'Txingurri' fue dinamitado desde dentro. Desengañado, el técnico optó por irse, lo mismo que Ezquerro. Luego llegaría el traspaso de Del Horno. Y es que había que hacer caja. El resultado de todo ello, unido a otras torpezas posteriores, acabó siendo demoledor. Alterado su ecosistema, siempre frágil, el Athletic se derrumbó como una hilera de fichas de dominó. Y no se fue por el desagüe a Segunda de verdadero milagro.
Supongo que a algunos les parecerá incluso de mal gusto recordar estos episodios de la crónica negra rojiblanca. Pero creo que vienen a cuento en este momento, cuando el Athletic, de nuevo en fase de crecimiento, corre otra vez el riesgo de perder a alguno de sus puntales. Ahí está Amorebieta, por el que suspiran en la Premier. Y ahí están o estarán, tarde o temprano, Llorente, Javi Martínez, Susaeta... Por ello creo que conviene repasar y recordar los errores cometidos, de forma que no se repitan. Esta es la obligación de García Macua, que habrá comenzado a comprobar que uno nunca está tranquilo en el sillón de Ibaigane. Si el equipo va mal, porque los tiros llegan de todas partes. Y si va bien, por la amenaza de los saqueadores. El caso es que siempre hay que estar alerta.
Es lo que le toca al presidente del Athletic, que se enfrenta a un reto decisivo. De hecho, su presidencia entera puede quedar supeditada a que salga airoso o escaldado en una misión a mi juicio vital para el futuro del club: ser capaz de retener a sus mejores futbolistas, impedir como sea que alguien toque el armazón del equipo cuando éste tiene opciones de crecer y emocionarnos. Habrá quien diga que esto es imposible y recuerde que, a lo largo de la historia, el Athletic ha traspasado a muchas figuras. Siendo esto cierto, también lo es que las cosas han cambiado mucho a nuestro alrededor. Lezama ahora produce por goteo. Ya no da, como hace veinte años, para ofrecer recambios de garantías. Y el mercado es más reducido y prohibitivo que nunca.
Dicho de otro modo: ni Amorebieta, ni Javi Martínez, ni Susaeta, ni Llorente tienen sustitutos. Como no lo tenían Del Horno o Ezquerro. Otra cosa es que alguien ocupe su puesto si se van. Pero que les sustituya es otra cosa. Si el Athletic quiere volver a ser competitivo -otra cosa es que nos conformemos con ser una vieja gloria venida a menos y con que nuestra grandeza se limite al salón de trofeos y a tener un estadio soberbio, excesivo incluso para un equipo mediocre-, no hay más remedio que abordar un redimensionamiento económico del club y una política de retribuciones seria e imaginativa que permita blindar a las mejores piezas del engranaje. De lo contrario, ya sabemos la vida que nos espera. Y creo que con dos años hemos tenido suficiente.








