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El Manchester cierra un ciclo en el Barça
Los ingleses dejan sin final al equipo de Rijkaard, que mereció más, y agravan la crisis deportiva e institucional del club culé

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El Manchester cierra un ciclo en el Barça
SIMBÓLICO. Puyol, capitán del Barça y uno de los hombres fuertes del proyecto de Rijkaard, se funde en un abrazo con el técnico al término del partido. / REUTERS
El Manchester United dio anoche la puntilla al Barcelona y cerró el ciclo de Frank Rijkaard. Los ingleses le dejaron sin final de la 'Champions' y, con ello, sentenciaron a un equipo que en las últimas cuatro jornadas ligueras sólo luchará por el segundo puesto con el Villarreal para tratar de estar otra vez en la Liga de Campeones sin tener que disputar la previa. Un objetivo lamentable y con consecuencias imprevisibles para un presidente, Joan Laporta, que esta temporada ha patroneado sin brújula la nave azulgrana.

Es cierto que el conjunto culé ha dejado una sensacional imagen en su devenir europeo, pero no le va a servir para tratar de evitar una crisis que huele a purga. Atrás quedan ya los tiempos de las dos ligas y una 'Champions' ganadas. Ahora se atisba una época convulsa en Can Barça y un efecto dominó que puede arrastrar a directivos, técnicos y, cómo no, futbolistas. El edificio está enfermo y hay que apuntalarlo desde los cimientos. Y eso que el club acarició ayer por momentos la llave que concedía el oro de Moscú.

En Old Trafford se vio un partido de fútbol con mayúsculas, que hizo recordar a los de las Copas de Europa de antaño. La especulación se quedó en los vestuarios y los futbolistas de ambos equipos lo dieron todo para estar en la final del próximo 21 de mayo en Rusia. ¿Qué espectáculo! Intensidad, ritmo endiablado -a veces no daba tiempo a identificar a los futbolistas de la velocidad a la que se movía la pelota-, presión asfixiante y entrega sin límites. Fue un choque de toma y daca, pero no un correcalles. Y es que Manchester y Barcelona tienen tanta calidad que son capaces de crear y replegarse en cuestión de segundos sin perder la posición. La simbiosis perfecta entre propuesta y destrucción, entre magia y pizarra. Diablos rojos y culés demostraron que el esfuerzo físico no tiene que estar peleado con la fantasía. Ambas cosas son posibles cuando los jugadores están concentrados y son conscientes de lo que está en juego.

Es extraordinario ver un encuentro en el que nadie se tira y en el que no hay protestas infundadas. Fueron 90 minutos, pero se pasaron enseguida, como un suspiro, como si sus protagonistas tuvieran el poder de acelerar el tiempo. Los actores representaron en el escenario del 'teatro de los sueños' una obra grande, clásica, más propia del último cuarto del siglo XX que de las actuales, en las que suele primar lo teórico sobre lo práctico, el esquema sobre la emotividad, la trampa sobre la lealtad. Certificaron que todavía es posible jugar al fútbol de siempre, el que gusta a todos los aficionados sin distinción. Es el fútbol de máximo nivel, el que sólo pueden hacer dos equipos históricos que se olvidaron de guiones preconcebidos e improvisaron sin miramientos para buscar la gloria, para no despertar de un sueño irrenunciable.

Pero el que volvió a la trágica realidad fue el Barça. Los hombres de Rijkaard salieron a por todas desde el principio, persuadidos de que mostrar el más mínimo signo de debilidad ante el Manchester en su estadio era poco menos que un suicidio. No se lo esperaban los ingleses, que tuvieron que dar dos pasos atrás para frenar las acometidas de los azulgrana. La 'culpa' la tuvo Deco. A diferencia de lo ocurrido en el Nou Camp, el portugués sí fue anoche ese futbolista técnico y aguerrido que sabe manejar los partidos como nadie. Paró el choque cuando quiso y puso la quinta cuando fue necesario. Sir Alex Ferguson movió las líneas para tratar de cercarle y, ese movimiento, dio mayor espacio a Messi, enchufado y bastante recuperado en su verticalidad. Pero a los culés les falta gol, una faceta clave para ser el mejor en la 'Champions'.

Comienzo esperanzador

Fue un comienzo esperanzador, hasta el punto de que los 70.000 hinchas ingleses que abarrotaron Old Trafford enmudecieron. Sin embargo, en la mejor competición continental no se pueden cometer errores como el que tuvo Zambrotta en el minuto 14. Cristiano Ronaldo había perdido un balón y el italiano, sin que nadie le molestase, se lo entregó franco a Scholes. El británico no se lo pensó dos veces y soltó un derechazo impresionante desde fuera del área. Imparable. Primer tiro a puerta del United y gol.

Demasiado castigo para el Barcelona, que lo acusó y se perdió por momentos. Pero, superada esa desorientación, los blaugrana se fueron de nuevo con descaro a por el partido y sus apariciones en las inmediaciones del área llevaban el silencio y la inquietud a las gradas del imponente estadio. Fue una pena que Iniesta, siempre clave en encuentros vivos y dinámicos, desapareciera y dejara todo el peso atacante a Messi, otra vez fundido al final, y a Eto'o, que no está para nada. El manchego y el camerunés dejaron su sitio a Henry y Bojan en la segunda parte, un monólogo de ataque blaugrana sin pegada. El Barça ya llora su eliminación. Ha despertado de su sueño europeo. El único que le quedaba.
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