El aceite de girasol está compuesto principalmente por ácidos grasos poliinsaturados (61,4%), monoinsaturados (22,5%) y unos pocos saturados (11,6%), mucha vitamina E (56 mg. por 100 g.), y la misma cantidad de grasa (99,5%) y calorías que el resto de los aceites. Los ácidos grasos poliinsaturados tienen efecto diferente según sean del tipo omega-3 (pescados, frutos secos) o de tipo omega-6 presentes sobre todo en los aceites de semillas como el de girasol. Éstos disminuyen el colesterol LDL o 'malo', pero también, y ésa es su pega, el HDL o 'bueno'.
El aceite de girasol es rico en vitamina E, crudo contiene entre 25 y 125 mg de tocoferol por 100g.. Es, después del aceite de gérmen de trigo, el más rico en vitamina E, un buen protector de las membranas celulares. Por su composición, rico en linoléico, es más fácil ser oxidado, y como soporta peor las altas temperaturas que otros aceites más ricos en ácidos grasos monoinsaturados, como el oliva, el de colza o el de cacahuete, no se recomienda para frituras.
En la cocina está indicado utilizar el aceite de girasol en crudo para conservar sus propiedades. Si se utiliza inevitablemente en frituras, conviene no calentarlo en exceso y como mucho dos o tres veces. Por su sabor suave resulta adecuado crudo en aliños y para elaborar salsas tipo mayonesa. Mucho más barato que el aceite de oliva, es su gran sustituto en la dieta de los españoles, aunque no llega a las cualidades saludables y gastronómicas de éste, sobre todo como cardioprotector.
Además, empiezan a describirse efectos nocivos como consecuencia de ingestas prolongadas y elevadas de aceites de semillas, destacando su posible influencia contra el sistema inmune y su capacidad mutagénica. En la actualidad, existe un aceite de girasol llamado 'alto oléico', que procede de semillas especiales, cuya composición se acerca a la del aceite de oliva, resiste mejor las temperaturas y se descompone más lentamente, pudiendo utilizarse más veces.







