
-Le ha correspondido un papel romántico e idealista, el alma noble entre una serie de personajes antipáticos.
-Antipáticos, no sé. Sobre todo son tradicionalistas. Llego a una familia que tiene la vida organizada y que disfruta de las represiones. Son mentes retrógradas con las que choca.
-¿Sabía de todas las carencias y de esas represiones en la posguerra?
-No deja de sorprenderme la existencia de instituciones como la Sección Femenina, cuyos libros manejamos en el camerino. ¿Dios mío, cómo podían vivir así! No podemos vivir lamentándonos del pasado, pero sí aprender de él. La memoria histórica es fundamental, aunque depende de quién la cuente. Hay que cotejar las perspectivas de quienes vivieron en aquel tiempo. Yo había oído hablar del pan negro, de los ajustes de cuentas y las cunetas. Supongo que lo que todos sabemos.
-¿Qué le parece la Ley de Memoria Histórica?
-No lo sé, no la conozco bien. Creo que la justicia debe ser aplicada en el momento si quiere ser verdadera justicia. Pero, en fin, siempre se puede resarcir algo.
-Su tía en la serie, Regina, es como la madrastra de Cenicienta.
-Sí. Son personajes que generan conflicto y enriquecen las tramas.
-¿En qué se parece a Alicia?
-En que también tengo un afán reivindicativo y me doy de bruces muchas veces contra la cruda realidad. Soy idealista y luchadora, a mi manera. Trato de ser honrada conmigo misma en función de mis valores y soy más progresista que conservadora.
«Noto la repercusión»
-'Amar en tiempos revueltos' ha sido su primera serie en una cadena nacional. ¿Ha tenido repercusión en su carrera?
-La televisión es un escaparate y te vuelves un valor de producción. Noto la repercusión a nivel profesional. Grabamos seis capítulos a la semana, una barbaridad. Ganas en agilidad y te curtes.
-¿Es difícil abrirse camino como actriz?
-Esta profesión es muy inconstante y tienes que tener una fuerte entereza y serenidad interna para soportar los vaivenes, porque hay tiempos de sequía y otras veces no paran de hacerte ofertas. Hasta ahora he hecho de todo, desde cabaret a teatro.
-¿Cómo le gustaría encauzar su carrera?
-Ahora me tiran más el cine y el teatro que la televisión, pero no voy a desechar nada, tal como está el trabajo. Yo lo que quiero es encontrar personajes ricos.
-¿Qué le parece la tele de hoy?
-No veo casi nada. Alguna vez el telediario y ya está. Ni siquiera mi serie, que he seguido contadas veces. Grabando seis capítulos a la semana no puedes ver nada. Me siento como si estuviera en Ceuta, en las milicias.
-¿Por qué tiene tanto éxito 'Amar en tiempos revueltos'?
-Porque refleja una época, la posguerra, que todavía vive en nosotros desde distintas perspectivas. Hay mucha identificación, y hemos heredado ese tiempo de nuestros padres o de nuestros abuelos.







