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Música para excavadoras

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La Diputación ha aprobado definitivamente el plan especial de accesos a San Mamés. Parecía que nunca viviríamos este momento y ahora no sabemos si llegaremos a añorar uno de los clásicos de nuestra vida municipal: la polémica en torno al vial de Sabino Arana.

Por su parte, los vecinos de Sabino Arana deben de estar sumidos en ese estado de rara perplejidad que nos invade cuando las cosas de la política abandonan el limbo platónico de las ideas y comienzan a adoptar formas concretas frente a nosotros.

Tras años de promesas electorales, estudios urbanísticos y malabares dialécticos, parece que llega la hora de que entren las máquinas. Ocurrirá el próximo otoño, cuando empiecen las obras en la zona más próxima a la A-8, a la altura de Castrejana. El tajo llegará a Olabeaga en 2011, y la demolición del viaducto de Sabino Arana dejará de ser un sueño. Los residentes en esa avenida han protestado durante años por el ruido del tráfico. Entonces será probable que el estruendo del derribo del 'scalextric' les suene armónico y sensato como un trío de cuerda. Alguno hasta se quedará dormido arrullado por el melodioso rugir de las excavadoras.

Lo malo de las ciudades es que hay gente por todos lados y no es raro que lo que satisface a unos termine fastidiando a otros. En un principio, la alternativa al viaducto de Sabino Arana era el viaducto de Olabeaga. Como es normal, los vecinos de Olabeaga, al conocer la noticia de que la A-8 entraría en Bilbao por su barrio, hicieron un sencillo cálculo mental y se vieron comprando cartulinas de colores para preparar carteles de «Ruido no. Autopista fuera». Para evitarlo, comenzaron a movilizarse reclamando que las obras tuvieran un 'impacto cero' en su entorno.

Como cambiar el código postal a un problema no parece una solución, la Diputación ha advertido el escaso cariño que la ciudadanía siente por los viaductos y parece dispuesta a valorar la propuesta del Ayuntamiento de rellenar la vaguada de Olabeaga, de modo que el nuevo vial se integre en el proyecto de reordenación urbanística del barrio. Habrá que ver si la medida satisface a todo el mundo. Mientras tanto, una cosa queda clara: en Bilbao los viaductos no tienen buena fama ni entre los suicidas.
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