Así, en chándal, operó el saxofonista negro Greg Osby (Sant Louis, 1960), fornido y rapado, orgulloso cual personaje de Spike Lee, gastando gesto desdeñoso, creyéndose un rey en su trono cuando observaba a sus compañeros desde el taburete lateral y luciéndose en las escalas bop que sopló con fervor clásico. Al piano, con vaqueros gastados, el pianista blanco Marc Copland (Filadelfia, 1948), flaco y cano, tocando de modo minimal, guardándose las notas y derrochando bonhomía al presentar los temas como si se encontrara en una terraza europea.
Casi hora y tres cuartos duró su concierto, con un bis y nueve piezas. Durante la parte central la cosa se aplanó y dilató en ambientes algo Coltrane, baladas arrastradas y los típicos juegos free que daban pie a la improvisación solista, pero todo tuvo calidez sobrada, también las generosas intervenciones del contrabajista John Hebert y del baterista y Bill Stewart. A pesar de la calidad, el cuarteto resistió más el tipo en números melódicos oblicuos que rozaban la vanguardia y alcanzó las cimas en clásicos ajenos como el inaugural 'Groovin High' de Dizzy Gillespie o el 'Ornithology' de Charlie Parker, previo al bis.




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