
Finalistas de la Supercopa tras apear en semifinales al AXA Barcelona de Dusko Ivanovic, clasificados para la Copa de Vitoria como cabezas de serie. En la capital alavesa, el Bilbao Basket reafirmó su condición de equipo a tener en cuenta. Repitió éxito ante el Barça, que partía como campeón en vigor, y rozó la proeza de tumbar en la antesala de la final al anfitrión, un TAU que sudó sangre para superar a los de La Casilla, pese a la ausencia por lesiones de Recker y Rancik. El templo baskonista, no obstante, ya había sido profanado con anterioridad en la competición doméstica regular.
Pese a que la cuenta de la Copa resultó escandalosa, el iurbentia se rehizo a tiempo para cerrar la racha negativa de seis partidos consecutivos perdidos, que no debieron ser tales, pese a que a las bajas antes citadas se unió la de Fred Weis. El partido frente al Real Madrid en La Casilla perdurará como un concentrado de la capacidad de este equipo. El mismo que ganó por 23 puntos en Badalona, noqueó en un minuto al líder, pese a presentarse en esa recta final con ocho puntos de desventaja. Sólo una errónea decisión arbitral dio validez al inmerecido e inexistente triunfo del Real Madrid.
La guinda llegó el pasado domingo, cuando la plantilla al completo convertía La Casilla en pista de baile y Txus Vidorreta surcaba el espacio aéreo manteado por sus discípulos. Misión cumplida. 'Play-off' asegurado, lo mismo que la disputa de la Copa Uleb la próxima campaña. Una proeza reservada a un grupo de héroes a los que EL CORREO quiere ensalzar como merecen: acercándolos a la afición bajo un prisma alejado del baloncesto.
Los reportajes fotográficos de Bernardo Corral permitirán identificar a los jugadores del iurbentia en situaciones insospechadas. Como muestra, junto a estas líneas figura un antícipo, una pista de por dónde pueden ir los tiros. Marcelinho Huertas abrirá el fuego en la edición de EL CORREO de mañana viernes convertido en un jinete hermanado con la naturaleza. Desfilará un jugador cada día y lo mismo quedará al descubierto la pasión de Marko Banic por los coches, que la transformación de Quincy Lewis en un tirador de esgrima, el maridaje que obra Javi Salgado entre las esculturas de la ciudad y su vena más urbana, la compleja relación que une a Fred Weis con los tiburones o la carencia de límites de Pedja Savovic cuando se le menta el mar.
Así, desfilará todo el elenco de jugadores y el capitán de la nave, un Txus Vidorreta que ha catapultado a la franquicia vizcaína al éxito desde su llegada al equipo siete años atrás. Se trata de una cuidada iniciativa que no dejará indiferente a nadie y que pone de manifiesto, una vez más, la total disposición del grupo humano que integra el Bilbao Basket para cualquier iniciativa que se le plantea.





