El presidente de la Unión de Fútbol de Rusia (UFR), Vitali Mutkó, había pronosticado que el Chelsea y el Barcelona disputarían el próximo 21 de mayo la final en el estadio olímpico Luzhnikí, pero se equivocó.
La peor pesadilla de las autoridades moscovitas se ha hecho realidad con la eliminación del equipo español e, irremediablemente, 42.000 aficionados ingleses tomarán la capital rusa en vísperas de la gran final.
Como era de esperar, la seguridad será la prioridad número uno: patrullas policiales vigilarán con especial atención aeropuertos hoteles, calles comerciales y zonas de bares, para prevenir brotes de violencia. Las autoridades locales temen enfrentamientos entre ambas aficiones, pero especialmente entre los seguidores ingleses y los violentos ultranacionalistas rusos, muy activos en los últimos años.
El Chelsea partirá con ventaja en la final ya que su presidente es el multimillonario ruso Román Abramóvich, y cuenta con muchos seguidores en este país.





