Según comprobó el comité durante la visita, los niveles generales de contaminación de la refinería húngara descendieron tras la puesta en marcha de la planta de coque en 2001. Las emisiones de esta última, además, eran «aceptables» y el ruido generado «menor» que el de cualquier unidad de Muskiz. El equipo desplazado a Százhalombatta, pese a todo, observó un deficiente sistema manual de carga del producto en los camiones, pero no lo consideró suficiente para rechazar la instalación. Según los trabajadores, «es algo que ya está previsto corregir» en el plan de Petronor.







